Vida de Retazos


Vida de retazos.

CAPITULO I

Los muchachitos eran una broma seria, madrugaban bajo las matas de mango, para ver quién encontraba el más bonito, era cuestión de honor ser quién se lo obsequiara a la mamá, por eso allí se presentaban las primeras refriegas de la mañana.



Tanto porque había que tener mirada de Gatotigre para detectar el más grande y con mejor color, aún en la semi oscuridad de la noche moribunda, con el agregado que en aquella llanada, por capricho de las torrenteras, de los pájaros y la providencia, coincidían todos los mangos dichos y pensados posibles: Mango Tin, Pecho e Paloma, Mango Dudú, Mango Piña, Mango Hilacha, Mango Bocao; Como para ser veloz en el salto de Ardillas que había que dar para tomarlo en las manos, lo cual no era garantía de haber triunfado en aquella primera aventura claroscuro del amanecer, porque quizás sería una sesión de lucha cuerpo a cuerpo con triple batío y rebolcada contra el hojarascal del escenario neblinoso y friolento, lo que permitiera tomar la ventaja en el inicio de la carrera de regreso a casa, subiendo por dentro del cafetal, porque aquellas eran tierras inclinadas. Las matas que bordeaban el camino empapaban los pantalones con rocío, cuando los usaban, porque a veces andaban desnudos. De paso podían llevarse algún cangrejo desprevenido que completaría la arepa raspada o pilada con café, leche o cacao que ya antes de cantar los gallos se preparaba en aquella foto irrevelada, desde cuya posición otros paisajes y olores inéditos podrían intuirse. Porque en el campo cada lugar tiene su aroma según los árboles y animales que lo habitan.


Sobre todo los sábados y domingos las jornadas eran de pronostico reservado; después de buscar las trampas de Curareques, tipo de roedor de montaña que asados son un verdadero manjar para los entendidos, comenzaba la lujuria imaginativa de juegos y travesuras.


Los árboles eran los principales lugares para las hazañas de Tarzanes, Tamacunes y Toloambas, Arandúes, Santos con máscaras de plata y los hombres Águilas, y otros de su propia inventiva y creatividad, como Guachipito el hombre de Ocumo, que le ganaba a todos los otros, allí podían dar vuelta canelas, maromas y otras contorsiones acrobáticas de estilo libre.


Calidad; la vez que subieron a un árbol de Pardillo de tal tamaño que cuatro hombres tomados de la mano no lograban abarcarlo y que había sido abrazado en espiral por un grueso bejuco de Murciélago, que son hebras vegetales delgadas que logran hacer robustos mazos cuando se juntan, subieron pues, torneando el mastodonte vegetal, y estando arriba los tres ¡Desprendióse el bejuco! Como una bailarina de Ula ula, dejándolos en lo alto ¡y bien alto! Bastante temerosos y preocupados, negados a llamar al padre porque tenían la certeza que éste zanjaría la cuestión a punta de correa. Después de varías estimaciones y cálculos de posibilidades de riesgos y consecuencias, tomaron la temeraria decisión de ir goteando uno por uno, lo más silenciosamente que pudieran: Habían caído los dos primeros con cierto éxito, aunque con bastante desparramamiento corporal y algunos discretos pujídos, cuando por algún capricho de la mala suerte, el señor, comenzó a llamarlos, al extrañarse por el mucho e inusual silencio que se había cernido sobre el rural paisaje del Algarrobo de Buenos Aires, que era como se llamaba aquel lugar anclado en plena serranía de la sinuosa península de Paria, solemne y fugaz, que baña sus hijares o costados en el Mar Caribe o en el Golfo de Paria, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda según como la vueles.



Resulta pues, que con la presión de los gritos del papá, la distancia de mareo que abismalmente lo separaba del suelo y el apuro con que le insistían desde abajo los hermanos, para que se lanzara, los nervios terminaron por apoderarse del muchacho, que no solo, pegó un grito retumbante y agudo entre quejido y gruñido de valor, cuando por fin decidió someterse a la atracción de la tierra y sintió ese vació en el estómago que hace subir el contenido digestivo a la garganta y te interrumpe bruscamente el oxigeno con efecto de hipo. Y para ñapa, los hermanitos, al intentar quecharlo en el aire, sintieron aquel aporreo de racimo de coco, con mata y todo, que no pudieron sostener y vueltos una pelota de gente, rodaron largo y tendido por la inclinada cuesta, y fueron a tener justo a la orilla del camino, envueltos en tierra negra y monte, donde alto y blanco, con el ceño fruncido y un rictus de medio lado en la boca, entre sonrisa y mueca, presagio de incierto futuro; los esperaba Ricardo Papón. Así llamado su progenitor.


No se tiene noticias de lo que ocurrió a continuación, pero se rumora que en el escape subieron de nuevo al Pardillo. El motivo de esta sospecha fue que en una conversación que se dio a futuro, se habló de una escena para una película, donde se describió una noche de montaña, con tantos y tan especiales detalles, que solo una persona, que halla dormido encaramado en un árbol de aquel tamaño, en una siminencia tal, en una semerenda montaña y en un chinchorro redondo, de moriche, podía conocer. Y empezaba así: “Es un momento total y profundo de oscuridad, que no se sabe si se tienen los ojos abierto o cerrados, lo único que se perfila más o menos en la penumbra, son las siluetas de las distantes montanas recostadas contra el reflejo de luna escondida y en donde, algunos Cocuyos pululan esporádicos y el cantío de grillos, pájaros nocturnos, algún sapo Chinagua y otros minúsculos vivientes sonoros, le dan ese clima de misteriosa y reposada calma y cierta sensación de sobrecogimiento y susto, más allá, desde muy lejos se percibe titilante la luz de algún mechuzo, con que se acompaña un campesino en la casa más cercana, que debe estar como a una hora de camino sin estrellas, porque probablemente el follaje de los árboles sería tan espeso que tunelizaba el sendero”.


Otras veces podían victimizar alguna mata de cambur con flechas y lanzas o hacer burros con sus vástagos o realizarse cintas y vestuarios Parigotos o Maquiritare con sus cachipos.


Cuando no, construían Trojas con techo de Carata, que así se le dice a la palma del Corozo, y bajantes de bomberos con varas de Caña Brava para jugar a los Compais. O realizaban escabrosas obras de ingeniería, redes de comunicaciones terrestres con subterráneos y todo, para sus carritos de tuza y Majagua.


Podían también hacer maromas sobre unos Polinques o Zancos o construir trapecios oscilantes con bejucos de Chacoepuerco, sobre la Posa del Chorro, que según el decir de los pescadores con Barbasco; Cinco hombres empatados no le llegaban al fondo.


Candelosos, eran los duelos de vaqueros con revólveres y pistolas de madera o a dedo limpio. Donde el mayor, moreno, pelo indiano, por más tiro que se le echara nunca moría.


Desarrollaron una relación amistosa con una yegua, tipo de iniciación leve de zoofilia y era fiesta llevarla a bañar, hasta que un día yendo con el padre, la fulana yegua se arrimó al tronco de su costumbre y por más que le arrearon y halaron por las riendas; la señora bestia, uuhu, no se movió, entonces tuvieron que romper monte con las costillas para escapar del inminente castigo. Pero que casualidad y cuanta ironía, que después con el tiempo bajo cierta exaltación etílica, el mismo señor contó que una mula enamorada le había hecho pasar una pena.


Llegaron a ser expertos atrapando pájaros con pega de resina de Castaña y masa de maíz; tomaban la mezcla y la masticaban hasta elaborar un chicle que envolvían en una horqueta fina de Guayaba a la cual le ponían como señuelo banana, ya después la cuestión era monear rápido la mata para que el Azulejo, Pitirre, Finfin, Carricero, Curiñatá, y Vidor, u otro de su simpatía, no se fuera a escapar o dañar las plumitas, después lo metían en una jaula que habían construido con Verada, que es la varilla que trae la espiga de la Caña Brava. Materia propia para hacer bellezas de jaulas, hasta de tres pisos. Por eso era que la casa siempre estaba llena de gorjeos y cantos de pájaros, que después que se acostumbraban al comedero, se les habría las puertas para que fueran y volvieran. También había en la casa un perro llamado Vigilante, una mula llamada Rancho grande, una yegua que rompía los sillones en el aire con patadas, tres burros, Burro Negro, Burro Blanco y burro Pollino, una cochina con sus cochinitos, muchas gallinas y gallos y seis chivos que regresaban cuando se les tocaba una campana.

Lindo era, cuando se empezaban a poner sobrenombres; Barriga de Leche, Quien Te Ve, Chupa Jobo, Pantaleta de Huequito, La Burra de Manen, Ponchera de peo, Tostosto, Pageño, Juan Colorao, Pollinera, Huevo Lucio, Majarete, Pistolero Desnudo, Manteca de Perro, La Mujer de Oreste, Nalga Flaca, Oreja de Pepa de Mango, Papón, Mocobin, Catano, Barriga e Cazón y muchos otros que se sucedían hasta que se presentaba un intercambio de Jat, Oper cut y gancho cruzado con triple patada voladora. Ellos fueron los pioneros en eso de poner sobrenombre, desarrollando un gusto por bautizar las cosas, se comieron el primer chicharrón, le quitaron la espuela al gallo e inventaron el Papelón.


Una vez le pegaron al Jabao porque comenzó a decirle a un tío: _” Ponle el burro a la burra Mencho, ponle el burro a la burra Mencho” de manera sostenida y reiterada, hasta que el tío Demetrio, que tenía una burra llamada Pan y Vianda, porque según le ayudaba en doble sentido, lo laborar y lo doméstico, le respondió con su voz espesa y escarranchada:

_“Bueno pero si es que estás muy tibio móntale tu, pues” y le echó chaparro con una rama de café. Este mismo señor estuvo involucrado en otro episodio cuando una de sus sobrinas amarró al Jabao Vejé Tico Catire a una mata de limón por ensuciar un piso y mostrar cierto resabio por el castigo.

Ese mismo tío era el que decía que un hombre es hombre cuando aprende a guardar un secreto.

A veces los juegos eran de descubrimiento, cierta ocasión, una primita muy precoz pidió investigar la cueva de los tesoros y en eso estaban, cuando fueron interrumpidos por la Loca de Chon Gonzáles, una mujer media lengua, que tenía una apariencia de monje encorvado y taciturno, no se conformó solo con sabotear aquel místico momento, privado, de experimentación y acercamiento, con algo como: ¡Epa que tán ciendo Ahí! Sino que esperó que llegara el don, para soltarle una lenguará a medias palabras con mucha saliva y entre ahogos, delatándolos y recomendando que les pegaran. Menos mal que el viejo en aquella ocasión tuvo buen tacto y se limitó a aconsejar con argumentos sobre la consanguinidad y sobre la importancia de la responsabilidad y la paciencia, “Hay que darle tiempo al tiempo” dijo.


El que temprano se moja tiene lugar de secarse. Claro que no todo era parranda de sapos, porque también les tocaba meterle el pecho a la jornada, pero muchacho barrigón ni que lo fajen chiquito, era cuestión de buscarle el lado bueno al trajín de la agricultura, Lo primero era amolar el instrumento, (en el caso de ellos era una palita de machete que habían desechados los adultos, gruesa en el cabo y finita en la punta) eso después de venir con los mangos y el cangrejo, luego bajar para la hacienda, a la brega. En la mañanita cuando se baja descalzo por los caminos, las piedras maltratan mas de lo normal y cuando se sube con cholas de goma, en lo que se mojan se ponen resbalosas, así que ni con chola ni descalzo es bueno coger camino tan temprano y menos si está garuando y encima traes un paquete de leña o un racimo de banana en el hombro.



Por eso era que con cierta frecuencia el Jabao se resistía a ir, aunque le pegaran, claro que en parte la culpa era de Radio Rumbos, por no poner más temprano Las Aventura de Martín Valiente o Los Hermanos Villalobos. Pues, más que todo, eso era lo que lo demoraba



Si la actividad trataba de desmalezar o halar machete y garabato, como mejor le decían, entonces la pendencia de una cueima mantenía el agite y cuando alguna aparecía, que era frecuente, aquello era un relincho; Piedra de aquí y piedra de allá, salta paquí y salta pallá, Azuce de aquí y azuce de allá, hasta que con una puya afilada, venia don Papón y acababa la diversión. Si se trataba de tumbar aguacate el Don subía a la mata con una cabuya amarrada en la cintura, una vez que estaba arriba lanzaba la punta de la cuerda para que amararan el Tipure, que es una vara larga que termina con una bolsa de tela en la punta, abierta con un aro metálico, una vez subido, volvía a lanzar la cabuya para que amarraran un saco, que convertían en busaca al doblarlo y amarrarle dos piedra en los costados, luego bajaría lleno para que amontonaran los aguacates, en ese ínterin de subir vacía y bajar llena la busaca con la cabuya, es donde pica la plaga parejo y por eso es, que generalmente los tres se metían dentro de otro fardo, pero resulta que los sacos de Pita tienen un tejido de huecos grandes y era peor el remedio que la enfermedad, porque la plaga encerrada se le mete a la gente en los cabellos y es cuando se presenta la gran picazón, entonces la risa estaba en quien lloraba primero. Por eso es que ellos pensaban que era injusto que luego de transportar la cosecha hasta el pueblo, se lo pagaran a locha cada aguacate de a kilo, cuando se sabía que en los mercados de las ciudades lo vendían a mil bolívares. En la cosecha de Cacao, la diversión estaba en pasar uno o dos días después a recoger las “huérfanas” que eran las maracas o vainas rezagadas con las que se podían quedar, y luego de secado sus granos, vender en la bodega, con esto se podía comprar meriendas o cualquier otro menester. Cuando tocaba recoger el café, entonces la atención estaba en encontrar un grano morocho, con el que según, al regalarlo, una persona se convertía en compadre de otra, singular costumbre, muy parecida a la de bautizar muñecas, muy difundida entre sus hermanas y vecinas. ¡Ah muchachonas caray! Bonitas y decenticas, ellas también eran tres, todavía no sabían que cuando la mamá cumpliera cuarenta años tendría uno más. También ellas tendrían el mismo talento de majaderas; Una vez siguieron al primo Catire, un albino pecoso y desgarbado, para cerciorarse lo que en sus mentes polemizaba: Si el Catire tenía también los bellos púbicos rubios. Cuando llegaron al manantial donde el Catire se bañaría, escondidas a cierta distancia y con gran sigilo, comprobaron que efectivamente aquella humanidad, más blanca que una rana platanera, no tenía ni un solo pelo negro. Y hubieran salido lisas de aquella incursión, si no es porque la menor de las hermanas, en un arrebato de inocencia y excitación humorística gritó de la manera más cordial y entre risas: _ ¡Mayor penca de culo Catire! Por su puesto, tuvieron que meter aceleramiento de emergencia para alejarse del peligro. Pero esa es otra historia que merece mejor cronista.


Tenían unos primos que vivían en Caracas y cuando los visitaban se la daban de finos, no comían esto, no comían aquello, les fastidiaba el Puripuri; una plaguita chiquita que deja una manchita negra cuando pica, tenían fobia de ensuciarse de tierra y todo les causaba risa y menosprecio y de paso hablaban medio amanerado, sin embargo en una parte perdida de este escrito, se supo, que dichos primos vivían en unos cerros de Caracas que daban vértigos, donde si te parabas arriba no veías las casas sino los techos, y los pilares estaban pegados en el aire con saliva de loros y alguna gente del campo que los visitó, bajó las escaleras sentado en los escalones,primero los pies y después el rabito. Por ese motivo después cuando volvieron con las misma ínfulas y preguntaron si había mangos se le respondió con orgullo: _ ¡Como guate de burro!


Volviendo a esta edición, el más grande de los hermanos, tenía madera de comerciante, podía vender desde un cuarto de arepa hasta un rin de bicicleta para chorrearlo con una barrilla o cobrar un bolívar por leer un capítulo de la Odisea, un real por uno de Casas Muertas, y medio real por uno de Kalimán, hasta que los otros dos se molestaron y decidieron aprender a leer y cogieron para el pueblo. El tercero no le quedó más remedio que alcanzarlos. Pero como todas las cosa, que siempre tienen varias motivaciones, el verdadero mérito lo tiene la señora Martoca que decidió “que mis hijos no se criarán brutos” y se fue bajo un palo de agua para el pueblo sin conocer a nadie, a la primera persona que contactó fue a la señora Cruz Codallo, que tenía pinta de italiana y la maledicencia, o habladores de tonterías, decían que volaba, ella le prestó un quiosco de tablas para que se arrimara mientras conseguía algo mejor, frente a aquel ranchito pasaba los toros maníaos y furiosos, botando baba por la boca y dando tumbos de lado a lado de la carretera y daba miedo que se pudieran meter a la casita, escena esta que un hipnotizador médico Chamánico informal brujoconsulto descubrió como motivo de los sueños persistentes, que posteriormente tuvo el Jabao, donde era perseguido por un toro y al tratar de correr por más esfuerzo que hacía, no lograba avanzar. Este mismo adivinador fue el que descubrió que la fobia por la sangre que padecía el protagonista, se debió a que cuando era un carajito en la casa del Algarrobo, un hombre infringió a media noche, varias heridas a una mujer en la cama de la mamá del jabao, la mujer se llamaba “la Piscua” que es la denominación de un pájaro de mal agüeros que canta con esta onomatopeya, ¡piisscuuuaaaaa! Total que la madre y el niño esa noche huyeron por entre el desmonte y el hombre persiguiéndole gritaba ininteligiblemente: _! Dondestaesecoñoesumadreporay! cuestión con la cual inocentemente bromeaban sus parientes después del miedo. .



Aquella cabañita del pueblo, tenía varias matas de caña, y como quedaba en un terreno hondo, se inundaba cuando llovía y allí fue que ellos apreciaron por primera vez la mayor y más cantarina alfombra de sapos, de todo tamaño, color y pinta. Después se mudaron alquilando para las Tablitas, un sector frente al cementerio, Allí fue que empezaron a observar que unas inmensas gandólas con cadenas en las ruedas, se llevaban apilados los árboles muertos que sacaban de Los Bajos, que eran unos terrenos vegueros plenos de Cedros, Pardillos y Apamates, Fue triste cuando talaron el árbol de Alatrique que era una frutica demasiado exquisita y que después nunca mas se volvió a ver otro de su misma especie en el mundo.



Allí en aquel punto frente al cementerio, pusieron una bodega hasta que por fin compraron una caballeriza húmeda y hedionda a orín de caballo, que había sido de Evangeristo Peláez. Y que le pasaba un caño por el fondo.


Del campo al pueblo había cuatro horas de camino, por el cañón de Río Grande, al cual se debía ir cruzando paso por paso o tramo por tramo porque iba serpenteando delante, en varias partes continuas. El camino tenía lugares de barro negro donde las bestias se atollaban y a veces cuando llovía, crecía tanto el caudal, que se debía pernoctar en algún recodo de su trayecto. Dormir en el camino es cosa de vivir la experiencia; los sabores, los olores, las visiones son desacostumbradas en alguna casita del la cuesta que te de albergue. Muchas veces se le vio a aquellas gentes con el agua al cuello, sosteniendo en lo alto cestos tejidos de fibra natural, bregando contra la corriente y la Cabezá, que es la ola que inaugura la creciente. En una parte, el recorrido era por entre potreros, donde había algunos toros y vacas que le gustaban perseguir a la gente para divertirse. Un camino difícil y solitario y además con lugares donde se decía que salía muertos, espantos y un tal guerrillero que llamaban “El Peluo”, en fin que por esto, era que ellos tres, alguna vez desearon que aquel río pudiera ser navegable al menos para Curiaras. O como a veces también soñaban que habían abierto una carretera hasta arriba y pasaba por la puerta de la casa del campo, incluso una vez llegaron a escuchar una bocina. Porque en el campo suceden muchas cosas raras; En cierta ocasión, en pleno sol caliente, calló del cielo un pececito brincando en el patio. En otros momentos conseguían unas piedras de centella a las que le amarraban un hilo alrededor, luego la metían en el fuego y la hebra no se quemaba.

De igual modo se podía escuchar de noche golpeando las ropas contra las piedras, como si estuvieran lavando abajo en el rio o pasar una risa con aleteos de sábanas sacudidas sobre la casa y por eso fue que Doña Martoco, la mamá de los carricitos, sembró una mata de Piñón en cada esquina. Que hacia juego con la mata de Amapola que ponía todo aquello oloroso pero lo malo era que echaba unos gusanos grandísimos y según se conocía que la usaban para vagabunderías. Porque el secreto de la mata está en que son espíritus vegetales.


El poblado, que antes había estado de frente al golfo, porque como se sabe todos estos habitáculos indígenas tenían su entrada principal por agua, que luego fuera puerto de exportación de Cacao y Café para la época española hasta que Santiago Mariño en 1813; pasó con sus Yabajeros, que así le decían porque venían de abajo y libertó todo aquello, según se dice, antes que el caraqueño; El pueblito era realmente especial, el río se desbordaba y transitaba por sus calles en las cuales era frecuente ver bañándose a los niños, en cuyas cunetas podían atraparse Guabinas, Cangrejos, Bagres, Conchúos también llamados Bucos y hasta Babas, que es una especie de Caimán. Este pueblo, en el que llovía y hacia sol al mismo tiempo, cuando peleaba el diablo y la diabla, estaba enclavado dentro de una hacienda de Cacao llamada Tacita de Oro, al pie de la cordillera Costa Montaña del oriente venezolano. Y recostado del manglar del Golfo de Paria, el cual penetraba al pueblo con unos de sus caños, por eso se podían ver garzas blancas, Corocoras y Tinguines, El Caño corría casi paralelo a la calle San Miguel que era la primera que se encontraba entrando por Las Tablitas, sector llamado así porque las construcciones eran de este material. Está tan cerca el golfo al pueblo, que cuando la marea sube huela a Mapurite empachao, porque esta mitad de mar es el resumidero del río Orinoco y el Caroní que lo bañan con varios brazos del Delta y suelta unas palometas peludas que pican e hinchan el cuero, Sin embargo a diferencia de lo que pudiera creerse, el Sarampión mata a mas gente que el paludismo, como le pasó al Negro, que hubiera sido el octavo de los hermanos, que por cierto, murió a los nueve años, un día que estaban sofriendo aliños y hay fue que se inventó eso de que la muerte huele a ajo y formol.



El cielo de aquel pueblo era verde, porque las manadas de loros formaban una especie de toldo semi permanente que los adultos con una gomera desde abajo lograban bajar algunos, las doñas sabían la hora que era según como se alborotaran los Pericos. Dos enormes troncos tallados de Cedros tirados de orilla a orilla de Río Grande, comunicaba a Yaguraparo con el Pilar hacia el Oeste, Por eso fue que Porfirio Caraballo, nacido en Rio Caribe, El hombre que inventó el Pan Cachito del Pilar y El Chorizo Carupanero, el mismo que le pusieron la nariz cuando la carne estaba barata y la tenía mas grande que la de Vicente Volvos, uno que más adelante se sabrá de él; inventó los carros equilibristas y cuando el río se llevaba los troncos que hacían de puente, pasaba su carro, con los rines sin caucho, sobre dos cabuyas untadas con sebo de ganado. Más adelante en la misma dirección, había que repetir el mismo caso sobre Río Claro, y para ir al Este, en dirección a Irapa, era obligado mojarse los pies en río Barceló y de ahí es que viene el refrán que dice que para coger Guaraguara hay que mojárselas todas, o algo parecido. Todo el urbanismo era una plaza Bolívar de calzadas altas con argollas para amarrar las bestias, un matadero de res, un mercado, una escuela, cuatro bares; El bar de Ramón Pojera, el bar Brisa del Rio, la Taguara de Mayilla Y el bar de la Pepita, así llamado por que quedaba en una encrucijada, En el bar de Ramón Pojera fue que se suscitó el incidente donde Don Papón, estando bailando con unos pantalones vaporosos una canción colombiana que hablaba de una fulanas palomas que volaban… y miren que el hombre bailaba bueno y bastante, una vez ganó un maraton de tres días en la pista con los que se llevó el premio en metálico, unos dolores reumáticos y la fama de ser quién creó el dicho “¿Quién me quita lo bailao?” Fue pues, que invitó a una dama que se ganaba la vida con el oficio más antiguo de la tierra, que bailara la pegajosa y rítmica melodía, pero ella tenía otros pretendientes que mejores presupuestos y propuestas le presentaban y optó por ellos aunque el campesino se molestara.

(Y atento, que quién pasa por aquí, se va de lado mariado, y cantando medio rimado, para disfrutar el suceso)


Éste, sobrado de orgullo, que a los ricos les sabe a nada y a los pobres hiere y desangra. Mete a la dama una cachetada de las que duelen, marean y dejan a la gente abochornadas.


Los habituales, que liban y hablan y que dependen que los dueños le tiren vianda y  sirven cuales siervos y a los suyos delatan, conspiran y maltratan; persiguen a Don Papón que parte raudo y veloz por los inciertos caminos de Dios. Justo en el momento cuando el coro de la cumbia decía: “Vuela paloma, vuela”



La Doña Martoca que no lo desampara espera en la puerta como desvelada, cuando ve a lo lejos que el hombre recala, se fija en la cola que trae en la espalda, le abre la puerta como esperanzada que al pasar al frente lo toma y lo jala.



Pero el hombre aquel en trance tormento, deseando par de alas, leves ante el viento, avanza violento. Delante la nada, detrás la avalancha, me paro y me matan, me meto y salvan.



Pero vienen cerca los que me amenazan, ya no tengo tiempo de entrar en mi casa, aruñazos fieros que casi me alcanzan, veo la puerta mi ultima esperanza… más que puerta es mancha, ¡mi estancia! Me pasa y rebasa y sigo mi andanza: “Vuela paloma, vuela”



Cuatro bodegas: la de Juan Cují, la de Evangeristo Peláez, la de Manien y la de Chufleca el hombre de la fatiga. (El mismo que una vez por estar haciendo propuestas indecentes a muchachitas, fue paseado a punta de palos de escoba por el centro del pueblo) Un estadio y un cine. El cine de Vicente Volvos.



CAPITULO II

La adaptación fue dura, le decían campurusos, le tenían miedo a los cohetes, le metían los dedos a los sócates de la luz, Chocaban contra las puertas de vidrio, hablaban durísimo, salían corriendo del cine cuando la pantalla los apuntaba con los cañones, no conocían el televisor. Sin embargo, eran avispados y alegres y un idioma amplio y fluido que habían aprendido de la radio, tenían templados los músculos y el pellejo duro y una mamá que parecía una Loba parida, era tremenda y lo demás es cuento; Arrastraba por los moños a la vecina, coleaba con un chaparro al policía y le componía versos satíricos al Jefe Civil y además con el corazón grandísimo, del tamaño de un Pandelaño. Por esto impusieron el respeto y el cariño del pueblo. No importa que el papá no fuera todo lo responsable que se pudiera pedir, no por malo sino por hijo único y escasa formación urbana; Con peones en sus haciendas y verduras que se perdían; a veces los carajitos pasaban hambre en el pueblo y él sin bajar de los campos, ese fue el motivo por el que se metieron bajo la cama para esconderse, una vez que llegaron sus amigos, para que no los vieran tomarse una sopa que habían preparado y cuyos ingredientes apenas fueron una cebolla, agua y sal, gusto aquel que les quedó para siempre por la crema de cebolla, de ajo o cualquier otro compuesto de especies que conocieran luego en su vida de gourmet. No tenían ningún tipo de mueble, y para hacer las necesidades tenían apenas el hueco donde nunca pondrían la poceta, muy reducido por cierto, por ese motivo había que afinar la puntería y he aquí como nació ese eslogan que después se hizo muy famoso que decía: “Apuntale a la cesta.”


Los juegos cambiaron, ahora se jugaba con carritos de hojalatas y caballitos de goma, los mismos que eran hurtados y revendidos varias veces por uno de los más cercanos amiguitos del pueblo, llamado Carlito, también jugaban Potipoti, que consistía en tirar un pote de lata y esconderse mientras el que había “quedao” lo buscaba, la cosa era tocar el “Punto” antes de que te vieran y sonaran el pote contra una piedra. Se jugaba también Quieto, Paralizao, Pichas, Chapitas, Trompo, Zaranda, Coco contra coco, el Chiriguare, Chimichimito y Zambarambule, o ponían a sonar los cueros de sus tambores costeros, se hacían carreras de gatos, que se realiza instalando cuerdas paralelas a la altura de los felinos a los cuales con collares y aros se colocan en cada uno de las líneas, la partida se define con un cohete, Tumbarrancho o algún otro artificio sonoro. Una vez quisieron prohibirlo por maltrato al animal y la gente reclamó porque no lo hacían con el Correcaminos bit bit. Se cazaban sapos en la calle Guate Cochino o se realizaban duelos de pelotas de barro en el río, a donde solían ir a bañarse todos los días, antes de asistir a la escuela. En aquel lugar fue que aprendieron el nivel dos de puericultura, mención geofilia; le habrían un hueco a la pared de arcilla roja que se hacia en la orilla del río y allí simulaban el acto de amar. Una vez jugaron a poner un muñeco de hule grande que tenía un pene, a hacerle el amor a una muñeca tuerta y despeinada que le faltaban las dos piernas. Ese fue el nivel tres; plastifilia. Eso sucedió para la fecha cuando se murió Juana Rojas, la abuela paterna del Vejé, que era ciega pero hacia mandado y andaba sola y tenía el pelo por la cintura, había nacido en Margarita y criada en Rio Caribe, era blanca y buena moza y decía que tenía una oración para que le sonaran siete campanadas cuando se fuera a morir, o sino que viera pasar un entierro y al preguntar ¿a quién llevan? le respondieran con su nombre. Ella contaba que su esposo, un hombre negro nariz afilada, tipo Culí, que andaba en una mula con fajos de billetes en la cintura y se había metido por aquellos campos huyendo de la dictadura de Pérez Jiménez. Parece que llegaron cerca en el tiempo con los padres de la señora Martoco, una negra que usaba un aro en la nariz y un albino ojos verdes.


Cuando bautizaron al Vejé, unas tías muy bonitas de Caracas le mandaron un partó blanco y unas botas tipo Comanche con faralao de pellejo. Su padrino fue el señor Polo y la madrina la señora Santa la Vaca, nombrada así por un guerguero que la había quedado en la garganta de una quemadura. Por cierto que de manera extraña y para su disgusto también se la ponían de novia, y esa fue la causa por la que una vez se tiznó todito y se llenó de manteca al revolcarse entre una paila donde estaba comiendo puerco guisado con chino sancochao, cuando le dijeron que Santa y él estaban enamorados.


Este Vejé era muy peleador, pero había un enano muy forzudo, purrulo y marutón. Tenía el ombligo como si media berenjena le brotara de la barriga, se llamaba Guichito, lo tenía aperreado; Le ponía palitos en las orejas, hacia dos rayas en el suelo y decía que esa era su mamá y luego la borraba con sus pies, con esos pies en los que tenía los dedos gordos como dos cabezas de morrocoy, hasta que un día, se hartó este fulano Vejé Jabao Pelo Amarillo Chicharrón y se le fue encima con tanta fuerza que cuando chocó contra el puño del Guichito, se vino al suelo medio turulato, a punto de desmayo, y estuvo presto de pegar la carera en cobarde retirada, sino es porque en ese momento llegó Rolando, El mismo que tan penoso era, que una ves, después de una cita con la novia, cuando los amigos le preguntaron si la había besado dijo: “No la besé, pero me dijo chao Rolando” La cuestión es que llegó Rolando con un chamo que era tremendo pintor y escultor y lo llamaban El Viejo, dos amigos con los que el Vejé y sus hermanos practicaban un cunfú chimbo entre zambo y marañon, tomado de Bruce Lee y mezclado con técnicas de Kit Pambelé y Pantoño Oronó; Y se frenó de chiripa, cuando estos les dijeron: !¿Qué Pasó Guevonzón te vas a dejar someter?! Y entonces le vino una fuerza como de burro maiciao, y abrazó al enano por los tobillos y se lo echó en el hombro, el enano gritaba, buscando equilibrio con los brazos, pidiéndole a su hermano “Chovea” para que lo ayudara, pero este no se movía porque había llegado los dos hermanitos del Vejé Jabao Pelo Amarillo Barriga de Leche, que por cierto se llamaban Tostosto y Pollinera, Tostosto porque era medio fuño y se le pegaba la lengua y todas las palabras las iniciaba pegado en tos...tos... toy aquí, y Pollinera porque se dejaba crecer una larguísima pollina. Tenían al Chovea levantado por la pretina del pantalón que solo se sostenía en las puntas de los pies. En eso Llegó Partó un tipo alto que alzaba pesas y era anchísimo arriba y finito como un chupichupi abajo, y se la daba de boxeador y pertenecía a la patota del enano y gritó: ¡Todos contra todos! Total que el Jabao se volvió el polo, (Más por la música margariteña que por el nombre de su padrino o el helado que más adelante relataremos) agarró al pobre enano zapatón por los pies y lo arrastró un rato por la cuneta, que tenían ciertas aguas limosas y con un regular hedor (en esta parte, por lo tramado de la pelea, no se sabe a ciencia cierta. si es así como se cuenta o fue el Guichito quién arrastró al Vejé). Sin embargo el enano que no era mocho, peló por una puya de raya y ¡chaquiti! Lo prensó por un brazo, al verse herido el Jabao le pegó la mano a un burro. Este fue el mismo burro con que después de grande el Jabao participó en una competencia y la iba ganando, solo que se trataba de dar una vuelta a la redonda al pueblo y cuando pasaron por el punto donde salía el camino para el campo, el burro partió veloz en esa dirección y no hubo forma ni manera de parar al animal, que cuando por fin pudo regresar al pueblo, los demás burros tenían rato descansando y ya habían repartido los premios. ¿Por don de iba la pelea? ¡Ah ya sé! Montóse en el jumento el Vejé Jabao Tico Catire Pelo Amarillo Chicharrón Barriga de Leche Come Tierra, con idea de escapar del sitio, cuando con una tremenda piedra el enano le hizo el zwuin homicida, que si no es por que se tira al suelo le vuela el afro loco, melena torcida con terminaciones amarillentas, que desde ese tiempo ya empezaba a usar. Guindóse entonces de la tripa reproductora del animal y pudo alejarse al galope. Para ese entonces todavía se peleaba a puño, lo que pasa es que el enano era tramposo. Visto el Jabao que la cosa era en serio, y ya curado su puyazo con borra de café y querosén, tomó en el aire un rabo de Chucho, que le lanzaba en es momento un chamo llamado Pitiguey que venía de San Juan de las Galdonas y era negrito como una Pepa de Zamuro, y retornó al combate. El rabo de Chucho es una cola de un pez con este nombre, que es un arma tan temible como el Pipetoro, que donde pega quita el pellejo. Salió coleando al Mediometro Enano Zapatón Maruto de Berenjena, con ganas de zarandearlo bueno y bonito.

No contaba que el enano Zapato de Manacho corría durísimo y se refugió en la iglesia, allí el cura quedó sin sotana tratando de evitar el altercado, el cura era flaco y tenía tiempo sin llevar sol, por eso se le notó que tenía el tatuaje de una mariposa sobre una tetilla. Ya para ese momento se había generalizado la tángana; Dos perros que también guerreaban, se echaron tanto diente, que quedaron nada más sus dos rabitos. Salieron, el enano y su contrincante de la iglesia y se enrumbaron para la Jefatura Civil, en ese momento arreglaban el pleito del gallo de la obra “La Jefatura del Pueblo” de Aquiles Nazoa y por ese motivo no pudieron atenderlos y se fueron abrazado rumbo al golfo conversando y echándose puño tranquilamente, pensando que de pasada se pararían en el Matadero Municipal para tomarse cada uno un ojo de toro crudo y así reponer las fuerzas y seguir peleando. 

Acontece que en aquella refriega hubo de todo: Magulladuras, torceduras, estrujones, ojos morados, uñas encarnada, pero aparte del Vejé no hubo ningún herido, excepto una cochina americana que fue topada por una flecha perdida y que hubo que repartirse en forma de chicharrón con ocasión de una reunión posterior que se hizo para reconciliar a la comunidad. Y por ese motivo, en ese año se suspendieron las fiestas de San Juan Bautista, patrón de Yaguaraparo, puesto que la pelea fue tan grande que se unieron a la trifulca los sectores del Muco, La Chivera, La playa, Ña Bartola, El Jobal, Barceló y Rio Seco. La consecuencia fue que abombaron los instrumentos de la retreta, rompieron un tarantín de un Titiritero llamado Pito-pito, que era descendiente de Maese Pedro el mismo que aparece en Los Miserables de Víctor Hugo. Y, se robaron el santo. El único preso fue Poncio, por que se estimó que siendo tan negro, era trampa quitarse para pelear, la camisa en la oscuridad. Aunque lo soltaron cuando interfirió  el Inglesito Pólvora, quién alegó “prejuicios faciales” por que los dos eran feos de verdad.


Vicente Volvos, el del cine, tenía una nariz tan grande que le decían nariz de Tucán, cuando se sentaba en la puerta para recibir los tikes, debía estar mosca porque había muchas probabilidades que alguno de los que entraban, se hubieran ganado el suyo apostando que le jalaba la nariz al señor Nariz de Corneta Redundante, como también le decían. Y después con una linterna entre tanta gente mamando gallo y riéndose, el pobre Nariz de Flauta, no sabría quién le estiró un poco más ese día su protuberancia respiratoria. Buen hombre y de respeto el señor Vicente, pero en esto de las echaderas de broma, el que se calienta se le revienta. 

Afuera vendían Castañas sancochadas lo que adentro producía sonoridades pestilentes. Aquel cine tenía solo una parte techada, así que en tiempo de lluvia, la gente que no tenía para pagar “preferencia” se llevaba su jabón para aprovechar de bañarse mientras veía su películita. Algunos para no pagar, preferían encaramarse por los techos de las casas vecinas para vacilarse su vaquera de lo más orondo, ellos eran los mismos que cuando la película no les gustaba hacian un juego de piedras y por eso ese día se cerraba temprano. El cine tenía otra dependencia donde vendían helados en unos frízer de querosén; Barquillas y Polos que son los de paleta, los muchachos más atrevidos solían pedir su helado y cuando se los ponían en el mostrador; tomarlos y salir corriendo sin pagar. Ocurrió que aquella vez, el Jabao y Pollinera que a veces le decían Polichinela porque tenía una vocecita de muñeco, tramaron hacer esta jugada y planearon que entrarían como si no se conocieran y pedirían cada uno su helado, Pollinera que era el más veloz tomaría el helado y correría, si algo fallaba el Veje diría que no lo conocía y pagaría su helado con el único medio real con que contaban y después lo compartirían, así fué, entraron y pollinera pidió primero y cuando la chica puso el polo en el mostrador tiró el zarpazo para tomar la congelada, melosa y rojita tentación con su bolsita transparente como era su presentación, no contaba con que de tanto robo, la muchacha que siempre se vestía como de primera comunión, estaba pila y le sustrajo por debajo con gran velocidad aquel objeto del delito, Pollinera que estaba en pleno intento del hurto no pudo frenar su movimiento y pegó con gran ruido las manos sobre el mostrador de aluminio, quedándose libido y con los ojos largos, en aquel momento cumbre de tensión, dio cuatro pasos para atrás de espalda, hasta el centro del recinto y en vez de correr, se tapó la cara con las dos manos, y así estuvo barios segundos hasta que reaccionó y partió raudo y veloz. Luego de aplicar el plan B, el Vejé se le unió y después de reírse un rato entre lágrimas, juraron no contarle a nadie aquel chasco rutilante. Que viene de Rutilio que era uno de los políticos del pueblo.


En el estadio, cuando cantaban el himno nacional y los policías se paraban firme, era la ocasión perfecta para subir, tomándo como escalera los huecos de la pared del estadio y cruzar por un tubito delgado que unía ésta con la tribuna, Así aprendieron a colearse al partido de béisbol cuando iba a jugar Domingo Viñas con su equipo de Quebrada de la niña, contra la Gente del Piojo del Equipo de Yaguaraparo, dirigidos por el Ñeco Chamanes, que caminaba torcido y era regañoncísimo. Un día El Vejé intentó en solitario la tremendura; Se oyó el tronar de las botas de los policías, al cuadrarse firmes, Arrancó el himno y el Vejé su escalada, todo iba bien, primero subió la alta pared y comenzó a cruzar el famoso tubito al cual había que pasar de un solo impulso, rápido y sin mirar para abajo por que era un poco largo y muy fino, en eso se oyó un silbido corto que provenía debajo de sus pies y al mirar brevemente, el equilibrista perdió el control y se espeloncó sin remedio, cayéndole en brazos al policía silbador, que no respetaba al himno Nacional, y que seguidamente con toda saña y alevosía, le ha clavado un tremendo cocotazo, que lo hizo hacerse pipi y muy orgulloso de su captura, se dirigió a la salida por el pasillo, entre la gente que iba entrando, con el pobre Vejé Trapoecocina, templado por una oreja, hasta sacarlo por la puerta principal, cuestión ésta, que no canceló aquel trance de desmoronamiento moral del Jabao Pelo Malo Chinchamochina, por que justo allí donde terminó el impulso del empujón que le propinó el animal ese con uniforme cuyo mayor mérito era perseguir carajitos para que no se montaran en la plaza con sus patines; Allí, estaba parado Don Papón, su padre que al menos simuló no haber visto lo acontecido, al preguntarle: _¿Qué haces poray? ¿Quieres entrar al estadio? Y compró dos entradas y entraron juntos, de nuevo, los dos. Y esa es la raíz de la eterna incógnita que el Vejé nunca pudo despejar y que sustituyó para siempre al ser o no ser de Shakespeare: ¿Le habrá visto, sí o no? 

Respecto al policía, después cuando la señora Martoco le entró a chaparro con una mata de Ñangaragato, con motivo de que una vecina le quería quitar un pedazo de terreno, y él estaba parcializado con la enemiga, entonces el Vejé Jabao Quetiquieto y Tenteayá, se desquitó viéndolo correr despavorido pidiendo cacao y diciendo que se la quitaran de encima que esa señora estaba loca.


En la escuela, le sucedieron a los muchachones demasiadas cosa importantes, por ejemplo el primer día de clase, le preguntaron los nombres y Pollinera que siempre fue reservado, no respondió, la maestra lo dejó quieto y pasó donde estaba Tostosto a preguntarle, éste que era un tipo serio siguiendo el ejemplo de Pollinera agachó su cabeza y el pelo le tapó los ojos, la maestra insistió un par de veces más y fue entonces cuando Pollinera le dijo a su hermano a lo zumuzumúcu, (confidencial) y con voz de pito: _No le digas tu nombre Tostosto. Después se procedió a hacer una pequeña prueba oral para evaluar como venían los alumnos y le preguntaron a Tostosto quiénes habían sido Mariño y Bermúdez los libertadores de Oriente y este respondió con tono un poco altanero: _ ¡Yo no vine a adivinar para acá! Pasaron al Vejé, también nombrado Chiche Zaperoco, que estaba un poco chorreao de melao por que había tenido un encuentro previo con cuatro Posicles bochincheros, (Helados artesanales de vasitos que fueron precursores de los de gavera que salían en cubito) y le preguntaron cuándo había nacido Simón Bolívar y con gran donaire respondió: _Yo no estaba ahí, yo estaba comiendo Corocorito y galucha sancochá con mis hermanitos. De hay en adelante se desparramaron a destacarse en los estudios, todos, hembras y barones con ciertas trabas alimenticias y de vestuarios, fue cuestión de análisis posterior, el hecho de que aquellos niños nunca tuvieran deficiencia de peso para incluirlos en aquel comedor de la escuela que los atormentaba con esos olores a pleno medio día, en ese tiempo todavía no se conocía la palabra discriminación. Nada que su talento y vocación no pudieran superar, excepto la vez que al Vejé le fueron a dar un reconocimiento por buen estudiante y no tenía ropa que llevar, puso el muchacho en compromiso a la madre para que le fabricara un pantalón, procuróse ella una falda de cuadro marrones y amarillos de una de sus hermanas y dióse a coser con pedacitos de hilos que conseguía por ahí, total que le armó un tremendo pantalón de retazos tipo Padrino con faja incorporada. No se ha confirmado todavía si es por esto que este cuento lleva su título o porque asimila anécdotas de varias vidas a la suya propia. Vejé Cabeza de Perinola Saltimbanqui Faramallero y Mojiganga, partió contento y feliz rumbo al agasajo académico. Tremenda fiesta, había de todo, pasapalos, golosinas, papelillos, y una piñata de Taparo y de ñapa estaba la hija de la directora, una flaca pelo liso negro dividido en dos clinejas, con los cachetes coloraos como de Achote, olorosa a jaboncillo trinitario, en ese tiempo estaba de moda el Changué y Oscar de león era entonces más diablo por diablo que por viejo, y sale el Vejé Firifirito Pan de a Puya Peoresnada buscando pista para su cosquilloso esqueleto, trae de la mano a la hija de la directora, la enlaza por la cintura y entonces la procura como hormiguero al huesito, por que hay que ver lo bonito que ella mueve la cintura, él da un giro descendiente_ dicen que nunca perdió la mala costumbre_ y se va al suelo y precisamente cuando estaba agachado y espatillado, firmando, ¡sonó el pantalón! ese fue el sonido que acabó con la fiesta para el Vejé, el pantalón se abrió de cabo a rabo, más de rabo que de cabo, con su peculiar sonido y viósele todo lo que es todo, porque él desde ese entonces ya no usaba usaba calzoncillo. 

 De allí escapó gracias a su sentido de ubicuidad, o de Bilocalismo; podía estar en varias partes al mismo tiempo: Apareció en el río, en una excursión con sus compañeros y su mejor maestra que tenía de naturaleza una manito chiquita, apenas como con tres dedos, pero ella poseía tanta gracia, que aquello formaba parte de sus encantos, esa fue la misma maestra que el nueve de mayo cuando el Vejé Librepensador y Corsario cumplió año, le regaló su primera torta y una franela de poliéster azul, se supo de unos zapatos, pero perece que quién los usó fue Tostosto. En fin que estando en el río frente a una amplia poza entre verde y cristal, rodeado de Juasjuas, llamadas también Bambú, lanzáronse todos con gran entusiasmo a bañarse, excepto el Vejé que se echó felinamente en la arena frente a la maestra que estaba en proceso de quitarse la ropa y fue lentamente despojándose de sandalia, franela y pantalón hasta quedarse en un traje de baño de cuerpo entero, amarillo con vivos rojos, maravilla aquella, que el Vejé Buzo Fisgón Coge Picón, no había visto jamás en su vida, después tendió una toalla en la arena que decía “Isla de Margarita” y se acostó boca arriba con una pierna estirada y la otra recogida, mirando hacia la poza para vigilar a sus pupilos, en esa trayectoria visual estaba El Vejé, embelesado y con los ojos tristes, como había aprendido de los personajes de la película “El Pez que Fuma” con Miguel Ángel Landa; Mirando a su primer amor, porque según él todos los amores nuevos son primeros, la tersura de su piel morena clara brotada bajo aquella tela plástica brillante, aquella luminosa capa de bellos transparente en sus brazos y piernas (En ese tiempo todavía no existía la mala costumbre de depilarse) y aquellos ojos amables y de grandes pestañas que lo ignoraban por completo; Lo marearon y le pusieron las carnes temblorosas por primera vez. Porque todo temblor también es primerizo. En eso uno de sus amigos más cercano llamado Yuvi, empezó a llamarlo para jugar Tocaito, Aquello era un problema imprevisto, porque además de cancelar aquel momento de extasiada contemplación que estaba disfrutando en demasía y por demás, lo obligaba a pararse, cuestión que con aquel pantaloncito flexible, de esos baratones que vendía el Turco Díazja o la Turca Anna, de quienes se decía que para alimentarse hacían una pirámide de carne molida cruda en una bandeja y luego le habría un hueco en el medio que llenaba de aceite castilla; seguramente pondría en evidencia su instante de erotismo desbordado y el abultamiento pasionario de su virilidad, ante la insistencia del fatal inoportuno que insistía con alborozo; Ideó una treta para evadir el consabido trance: se pararía rápido y con la misma se lanzaría al agua sin dar tiempo a detallar la dolorosa y visible tensión de su cerebro auxiliar. Así procedió pero el error estuvo en que se elevó demasiado en el salto y cuando emergió del clavado oyó al panita cuando dijo: ¡Maestra, maestra, el Vejé tiene el Piripicho parao!. Zambullóse de nuevo y en ese momento deseó con todas las fuerzas de su atribulado corazón que el universo le concediera el privilegio de ser anfibio. Y desde ese instante fue que se popularizó aquello de que “ Por más que te tongonees siempre se te ve el bojote”.


Cuando construyeron el liceo, Ya Cheche López, el trovador del Manglar, había compuesto la canción del Bagre Amarillo que dice más o menos así:

“Allá en el golfo de Paria,

Hay un pez que es muy sencillo,

Y si usted no lo conoce,

Se llama el Bagre Amarillo.



Él es largo y con bigote

Su cuerpo es muy resbaloso,

Pero en Sancocho o Guisado

No hay pescado más sabroso.



Lo pescan con el anzuelo

Con Filete y con Arpón

Y el burro lo lleva en mara

Hasta nuestra población.



A todo el que nos visite

Para que siempre nos recuerde,

Que coma el Bagre Amarillo

Con bola de plátano verde



Porque resulta, que por allá hay muchos artistas, pintores, músicos y poetas, galeronistas capaces de contar la historia de la humanidad en una sola inspiración.



CAPITULO III

Este no es el inicio de un tercer capítulo, ni la continuación de esta historia, es más bien un pequeño paréntesis para caer en cuenta de la versión paralela inacabada y en proceso, que todo relato padece, el cuento oculto, que se puede presentar como un lapsus voluntario y parcial de la memoria, y se origina con cualquier fuerte impacto que estremezca y alborote irreversiblemente ideas y sentimientos en algún ser humano_ dirían, simplistamente los psicólogos que es una defensa evasiva del que sufre_ Pero, cuando sucede a un colectivo no es tal, es como en esos momentos cuando la vida se paraliza, como si se activara switches transportadores a mundos paralelos, o como cuando concluido un camino, algunos tramos no recuerdas haberlos transitado, donde filtrando burbujas de sueños, como puertas que al traspasar desaparecen, nódulos, nudos de evasión y fuga que tragan y no evacuan, o como la flor de la Maravilla que al nacer ya está muriendo, tus pasos volvieranse inservibles, como si la cuencas rezadas de un escapulario fuéranse perdiendo, como si la simiente de la que brotas, al parirte tornárase infértil, cuando los personajes percíbense detrás de un acrílico empañado con aliento que brota de anhelantes rostros magullados contra la pared transparente, y sus ojos velados de blanco ciego, anduvieran a tientas entre espesas neblinas oscilantes que ocultan o esclarecen a capricho breves momentos de lucidez. La percepción titilante de recuerdos incompletos, como visiones que entre dormido y despierto te dejan más dudas que certezas y todo se remite al reino de las sospechas. Este trayecto de la narración es especialmente confuso, y es lógico que así sea, es su naturaleza, solo penetrando esta maraña podrá el lector asistir a las claves esclarecedoras de los secretos que aquí se desvelarán para siempre, deberá asumir, quién hasta este punto haya llegado, además de conciencia del peligro, una actitud policíaca, de investigador, sin desdeñar ninguna hipótesis por oculta o evidente que se sugiera. No podrá, so pena de traspapelarse: bostezar, pestañar o interrumpir el impulso de la lectura, y se recomienda en caso de necesidad, dar un repaso mental del principio hacia atrás y por ningún motivo interrogarse en que tipo de lio se ha metido voluntariamente y sin ninguna recompensa tangible, evidente o contable.

Decíamos que lo confuso y vago de esta parte de la obra, es obligante y obligada, porque fue por retazos que el Vejes pudo componer esta crónica, retazos tomados de unos documentos escritos a manos, con una tinta, que después, hecho ciertos estudios, se supo que era sangre, y que encontró fortuitamente cuando perturbado por ciertas manchas, sombras que de humedad y moho se habían formado en una pared de su casa, decidió aclararlas rayando con una piedra sus líneas de bordes. Pronto aquellas formas caprichosas fueron perfilándose nítidas como piezas de un rompecabezas, tal como sucedería a un negativo de fotos sometido a líquidos de revelado, precisamente en un espacio oscuro y silencioso. Mediante este procedimiento, casi logra asirse de una realidad, de una verdad única e insoslayable, que hasta se proponía como espontánea casualidad de la vida o trágico destino por imposición divina. Aquélla tarea de hacer resaltar el mensaje oculto que contenía el muro detrás de sus negruscos reflejos se prolongó en el tiempo y curiosamente cada vez que dábase a esta tarea, creábase nuevas expectativas de alcanzar finalmente el dominio de la razón de las cosas. 

 Vivió un tiempo bajo esta premisa y creyendo firmemente en lo que allí se describía. Más, sucedió, que próximo a concluir el estudio de aquel diseño de existencia, la pared que era de concreto armado y como se dijo, de una vieja y antigua caballeriza, derrumbóse, produciendo una gran nube de polvo que al disiparse permitió ver a través del hueco, una pequeña caja de madera cubierta de tela de araña. La que tomó con prisa y bajo estado de excitación pensando que se trataría de algún entierro de Morocotas. Adentro había una estampilla con una vieja que sostenía una antorcha y un zamuro con pluma de gavilán y un legajo de papeles manuscritos a cuyo contenido no se podía seguir un hilo de lógica por que muchos párrafos se habían borrados con la humedad.

He aquí los desarticulados trozos que pudieron ser rescatados de aquellas mugrientas páginas escritas en un lenguaje anacrónico, sin firma, ni fecha, ni sello. De tipo mixto o de identidad múltiple por cuanto tenía forma de decreto, testamento, bula, repartición, partida de nacimiento, manifiesto, ley, constitución y ordenanza:

“.... Que serán sometidos y programados para no recordar y toda identidad les será ajena y serán bautizado con sangre, porque de la sangre que de Cristo hemos bebido, vivirán los dioses de la tierra..........”

“Porque la historia no será la historia y la verdad será una sola, intima y placentera, solo disfrutable en cubículos individuales, con forma de cúpulas de cristales y en espacios artificiales, siderales, asépticos y purificados y solo aquellos capaces de matar sus sentimientos y renegar de su condición serán considerados.....”

“... Cópiese como no desclasificados los siguiente sinónimos y solo para ser usados por personas de ojos grandes que esta es una tipología de los asesinos en serie; Descuartizado apaleado, empalado, apuñaleado, sometido, alienado, electrificado, asfixiado, esposado, evacuado, refugiado, ahogado, execrado, capado, quebrado, fugitivo e ignorado. De igual modo désele amplia difusión y diversos significados a la palabra tortura, para que sea amable su connotación, suguiérese como ejemplo; “Anhelo la tortura de tu amor”

“…Complete usted los demás ismos que considere útiles a la preservación de nuestros privilegios: individualismo, sectarismo, segregacionismo, consumismo, sexualismo, desarraiguismo, el miedismo, violentismo, caradurismo, coñoemadrismo, raterismo...”

“…Mátese sin pena ni castigo así en la tierra como en el cielo y los mares y miéntase hasta sobre la mentira, que solo del que engaña serán las riquezas de la tierra y la gloria de los platillos voladores”

“…Es imperativo; de imperar, un decreto de utilidad pública mundial de la llamada soberanía de las naciones, que unifique los criterios culturales y naturales, artificiales y banales para la construcción de la llamada felicidad vegetativa”

“…Simplifíquese la realidad a simples, mínimas síntesis microscópicas, con la reiteralidad de la superficialidad para que tenga el valor del no-pensamiento y pueda dársele su santo lugar preponderante a la básica e instintiva carnalidad inconsciente”

“…Enajénensele todo bien, toda propiedad, toda bienhechuría, porque de esta practica es como se han sostenido los continentes otrora decadentes y han engordado los bienvivientes que solo así podrán tener arrestos para impartir justicia entre sus iguales y agrupar en escala de estatus, clase y jerarquías a los que les han delegados sus derechos y abandonado algún sentido de protagonismo...”

“…Serán las sombras, lo oscuro, lo oculto, lo soterrado, los espacios por donde transitaran conocimientos privativos de aquellos que accedan, mediante pactos con el diablo, a circuitos cerrados ocultos de comunicación, que otorgarán, poderes, cuya precariedad será compensada con represión”

“…Esto que a gran escala forma parte de un plan general de control y vigilancia diseñado por un dios omnipresente y malvado, cuyo nombre es el femenino de dolor, será traspolado a lo mínimo de las relaciones interpersonales de los seres que logren sobrevivir a la vida, que será por los siempre jamás, un tipo de bienestar masoquista, una felicidad dolorosa.”

“…Este escrito, deberá mantenerse en el más absoluto secreto, pero no podrá ser destruido, porque se perdería la génesis de nuestra identidad y mermaría la debida corresponsabilidad para con los colaboracionistas que desde adentro han permitido abordar nuestra predestinación de entes superiores, y cuya ayuda a sido valiosa en gran proporción, puesto que sin ellos, inútiles hubieran sido los intentos por sofocar los reiterados conatos de rebelión. Más bien se diseñarán estrategias para viabilizar y ampliar sus contenidos, que podría igual comprenderse por su contraseña de: Mantener lustrado el antifaz de la lepra”

“…Póngase sumo interés en patentizar y nombrar de nuevo todo lo que de hermoso tenga esta forma de vida, que esto alejará el riesgo de que algún día se sepa que fue expropiado a civilizaciones que por ser más avanzadas, nos llenaban de vergüenza y fue imperativo destruir”

“…Sépase que tener acceso de forma parcial o total a este documento, tornará en aquel, inocencia en culpabilidad y candor en lujuria, pudiendo incluso cuestionar lo aquí dicho, lo que será para él, prueba de que ha sido ascendido, meritocracia mediante, al mundo de los malos, con el titulo Demonio tipo A1, que para efecto de esta visión, vendría a ser un ángel inmaculado”

Así fue como el Vejé Cherlos Chaplin Cantinflérico, dedujo por sí mismo, lo que nadie le había querido decir, o por que no lo sabían o por que exprofesamente lo ocultaban: Que aquel era un mundo de mentiras. Los que no lo sabían era porque lo habían olvidado, desde que habiendo participado en la primera libertad donde fueron traicionados y relegados al limbo o porque habiendo chapoteado en tanta sangre, de ella hastiados se encontraban, y se dedicaron a vivir en paz y con una alegría que fue confundida con ingenuidad. Los que lo negaban habían participado del complot, y sonreían enigmáticos cuando alguien miraba buscando respuestas en sus carapachos espectrales.


Esta experiencia fue la que hizo que la lectura que había obtenido del chapapote de la pared, se trastocara por completo, y empezó a recelar de su veracidad, porque ¿Cómo era posible que todo un pueblo pudiera convertirse en plañideras ánimas ambulantes? Con andrajosos ropajes de luto, que andaban sin rumbo y a tumbos por entre el marasmos y vapores de volcán que surgían de las calles de pronto teñidas violáceas, o que todos pudieran confabularse para culpar a alguien por un crímen de un inocente, que tenía autor conocido, por el solo hecho de pedir justicia para un hermano que fue vuelto loco a raíz de una paliza que le dieron mientras tocaba un violín en una parranda que fue planteada como exótica velada musical entre las aguas de una quebrada montuna. 

Que los duendes, que no son nomos sino fetos vulnerados, se apoderaran de toda una población y las personas tuvieran que salir a espantarlos por entre las haciendas con escopetas cargadas con pólvora y sal. 

Que ya en brazos de la muerte un yerno hubiera confesado que fue el culpable en el caso de la mujer   ultrajada para que no se llevaran a da hija, su pretendida. Que ésta, aún sabiéndolo se puso a vivir con él, para mas tarde pedir perdón a su padre cuando éste regresó de la cárcel que injustamente había padecida, herniado de torturas y cuando ya no le quedaban fuerzas para sobrevivir tal ingratitud...

O que todas las mujeres del poblado fueran obligadas a casarse con quienes ni conocian y menos querían, en una noche de violencia, licor y llanto, por el solo hecho de que alguien levantó una calumnia de honra y prestigio. 
 
Cómo también el caso de una máscara desfigurada en una discusión de camino, por dudas de a quien le tocaba pasar, cobrada como nueva luego de cicatrizada y desaparecida la herida.

O también la incierta memoria extrapolada de una  tragedia griega contentiva de esta trilogía: "Por orinar sobre la tumba de un contrario" "Una copa de plomo" y "Unos despojos tras barrotes herrumbrosos"

Todo esto se descifraba en los lamparazos del friso y seguía contando más, como de la fuga colectiva, emigración forzada, por la que fue refundada la aldea, que pasó de un solo golpe a convertirse en ciudad, cuando llegaron los piratas que insultaban y agredían y fue escarmentado su jefe en un arrebato de dignidad, pero que después hubo que abandonar la ciudadanía por temor a la venganza o al claustro. Sin contar los íngrimos lamentos, voces y risas, ruidos, y gemidos de niños y animales nocturnos que conformaban la única verdad permanente que quedó cuando a todos, al final, se les extravió el pensamiento y confundió la mente.


De allí en adelante y para siempre fue dominado por la duda y decidió enviar el resumen que pudo rescatar de esto y de aquello, a todos sus conocidos, en este mismo papel se especificaba que la persona que lo recibiera tenía que reproducirlo cincuenta veces y reenviar a igual cantidad de destinatarios, que fue la fuente de lo que después se llamó cadena de oraciones. También se sugirió una fecha para hacer una reunión donde se discutiría su contenido.

Cuando por fin se dio el encuentro y pidió a sus paisanos que expresaran las distintas interpretaciones que de tal caso hubieran extraído; todos, absolutamente todos, coincidieron unánimemente que nada había ocurrido espontáneamente, que sí; que habían sido invadidos, por una civilización feroz, pero muy básica y predecible.

Ni se asustaron, entraron en ira o pusieron tristes, nada por el estilo, lo que hicieron fue lanzar unas carcajadas estentóreas con amplios registros de decibeles, que fue la primera risa sobre lo trágico, que se conozca en el mundo y que dio origen a esta larga tradición característica de la idiosincrasia venezolana, de mofarse de lo terrible.



CAPITULO IV

Después del río, la vida aparentemente siguió chorreando sin mucha trascendencia, era insospechable la elevada gloria que la fuerza de la voluntad les depararía al Vejé y a todo los personajes que rozaban o se integraban a su vida, porque según él, la vida de un hombre, es la vida de todos los hombres.


Concluyó de manera feliz aquella primera etapa de su origen campesino, nucleado en torno a la familia, luego la vida pueblerina le deparó su encuentro con la sociedad provinciana y después cuando el pueblo se convirtió en ciudad fue consciente que todo aquello era parte de sí, de forma integral y que en él, estarían presente para siempre de manera recurrente todos aquellos lugares o niveles espaciales como gustaba llamarles. Por eso cuando le sucedió aquello del encuentro con el secreto en la cajita de madera, supo que él era un compuesto de muchas gentes, muchos lugares, muchos tiempos.


Cuando se hicieron adultos y con ocasión de la reunión de doble propósito_ discutir el documento y reconciliar por la pelea_ Ocurrió la diáspora: Pollinera se fue al extranjero, donde se convirtió en chulo y gigoló, según él, dizque para vengarse del establishment, después cuando vino de visita dijo que ya no se llamaría más Pollinera y que ahora por favor le dijeran Chamín, y que si querían estaba dispuesto a ser el espía infiltrado en el corazón del Galimatías, porque él pensaba que de esta manera podría aportar una visión integral para orientar la lucha.

Tostosto que era más radical, propuso la lucha armada, que con los conocimientos que se tenían de la selva, la victoria estaba asegurada, él fue quién inventó el termino de Guerra asimétrica, y argumentó que aquella era una lucha de clases irreconciliable e histórica sostenida sobre doctrinas dogmáticas y que su propuesta para el hombre nuevo tendría que surgir desde la pureza, por eso era que había que acabar con todo para empezar de nuevo. No todos estuvieron de acuerdo y por eso fue que marchó a la montaña, con un grupo de guerreros entre los que estaban el Tío Demetrio, Guichito el Enano, Partó, Chovea, El viejo Pintor y Rolando, y el negrito Pitiguey. Se fueron plenamente convencidos que tendrían patria o morirían y cuando se marcharon se despidieron diciendo “Hasta la victoria siempre compañeros”


El Vejé Jabao Tico Catire Pelo Malo Amarillo Chicharrón Barriga de Leche Come Tierra Afro loco Trapoecosina Chinchamochina Quetiquieto y Tenteayá Chiche Zaperoco Cabeza de Perinola Saltimbanqui Faramallero y Mojiganga Firifirito Pan de a Puya Peoresnada Libre Pensador y Corsario Buzo Fisgón Coge Picón Cherlos Chaplin Cantinflérico y Virgen del Valle, como aquí se le ha llamado; Logró casarse con la hija de la directora del colegio donde se le había roto el pantalón de juguetico que su mamá con tanto cariño le había elaborado. Se sospecha que lo que había dejado ver la desbastada costura, fue por lo que el Vejé Hombre Múltiple, había conseguido semejante éxito en su vida personal, al conquistar a la mujer más bella del lugar, cuestión que corroboró tiempo después cuando se leyó a un tal Froy, Freud o Froilan. Esta mujer estaba en una situación ideológica opuesta a Pollinera, a Tostosto, incluso a su propio marido y se reconocía así misma como neutral y se reservaba para cuando hiciera falta alguna persona imparcial que pudiera promover desprejuiciadamente el diálogo entre las partes. 

El Vejé tenia un planteamiento distinto y así lo había hecho saber, él partía del principio que todo extremo es perjudicial, que la cosa no era borrar todo para imponerse sobre cenizas, sino abrir nuevos espacios alternativos, aprovechar lo bueno del enemigo y lo negativo llevarlo a un punto de confrontación gradual, porque según comentaba la solución estaba en seducir y no imponer, en convencer mediante argumentos inteligentes y razonables, proponía crear un contrapeso ideológico intermedio, porque la justicia no es venganza y la felicidad de uno es el bienestar de todos y que había espacio para competir de idea a idea, de propuesta a propuesta, que observaran en el otro todo lo que no se debería repetir, que la primera batalla debía ser contra el odio y la deshumanización, pues no era cosa de sofocar al diferente con violencia y que su plan se llamaría “Nombre Nuevo”. Fue criticado por reformista y de alli en adelante lo tildarón “Come Flor”.


El primer informe que les llegó de Chamín, antiguamente Pollinera, desde la gran metrópolis en el extranjero, fue atendido con mucho interés, habían acordado que cada vez usaría una vía de comunicación diferente, por eso alternativamente los medios fueron los siguientes; correo electrónico por Internet, mensaje de texto, llamadas telefónicas, fax, clave Morse, Método Braille, valija diplomática, animales y frutas rellenos, casas de cambio, en container por la aduana con polizontes, encomiendas, propaganda de televisión, señal privada de radio, redes sociales,  avisos clasificados, o con soborno de los gendarmes, incluso una vez mandó encubierto por radio de onda corta un mensaje que comenzaba: “Cumplimos con el penoso deber de participar....” Allí se especificaba los pormenores de la estrategia de los oponentes, se hablaba que la principal acción que se proponían era la de dividirlos, creando diatribas artificiales, diferencias absurdas, luchas matricidas por el liderazgo, recomendó, que estuvieran alertas, porque lo más insospechado sería intentado para aniquilarlos. Que su punto débil era la prepotencia, pero que también nosotros estabamos infiltrados, que era fácil reconocer a los “Topos” por que eran en exceso extremistas y veían en los otros sus propios defectos, también comentó que estaban dominados por la jactancia y la arrogancia, que en algunos casos eran gentes frustradas dominados por su propia incapacidad, que no se atoraran en resolverlo porque como aquello era inédito el sistema se auto decantaría, que sin embargo había que decirles las cosas en su cara, que se cuidaran de la adulancia y los traficantes de intrigas. 

Dijo igual, que la principal arma de los rivales era la industria cultural y que cualquier contraataque bebía empezar por aquello mismo, revertir la flojera para pensar y afincarse en los valores que esto era el mejor muro de contención, que se dieran cuenta que la ventaja estaba en que a aquellos además de su incapacidad de aceptar culpas y errores, la soberbia les impedía mirarlos y reconocerlos, los ignoraban y sin embargo, por el contrario, ellos dominaban hasta el más mínimo detalle de su conducta. Que la principal cura debía ser moral. 

En el segundo informe, como en los otros que todavía siguen llegando, se empezó a notar como que si se hubiese movido para un tono más poético o a un romanticismo de pleno abandono a los abismos del existencialismo, como que si la madurez le hubiese aportado un dejo de nostalgia irreparable o presintiera la inminencia de su deceso, como efectivamente después se supo, de lo cual se especuló que había sido como mártir en un acto terrorista, pero luego por cierta nota que enviaron los que tomaron su puesto, se consideró que había muerto como siempre soñó; haciendo el amor. Aunque lo que se difundió fue un escueto “Muerto en combate”. Contó que vivía en un penthouse de un rascacielos gemelo de cien pisos, desde donde dominaba la metrópolis íntegramente, dijo que lo compartía con su amante, una dama de la aristocracia que no amaba pero que se sentía preso de la comodidad, expreso que cuando miraba hacia abajo las hebras iluminadas de los viaductos, y las cuadrículas que definían el laberinto urbano, se daba cuenta que la ciudad estaba compuesta por estratos sociales de distintos índole e interés perfectamente separados por colores credos y religión, que los que tenían mayor poder eran las que administraban la violencia y el dinero, entre estos estaban las corporaciones, los políticos, los comerciantes, los religiosos y los mafiosos, y que a veces estas castas se entremezclaban entre sí, que estos grupos eran fácil de detectar porque vivían en lugares exclusivos y gustaban de la ostentación, aunque los jefes erdadetos nunca parecían en el radar , y que después venían otros tejidos que se iban debilitando según su nivel de desarticulación, distribuidos desde casas modestas a insalubres cuchitriles marginales y espacios solo habitables para insectos, bajo puentes o en cañerías de aguas negras y fecales, pero que igual había una descomposición general y envolvente tal, que se habían perdido todo remordimiento, que no había dolor por lo humano y todo era desprecio y bacanal, que lo inocente era comercio para aberrados. 

Decía que la gente se pasaba por el lado y no se saludaba, que se negaba el agua y que había una arquitectura de prisión y existía la pena de muerte no decretada,  y la refundación del mundo se pretendía mediante la generalización del caos. 
Que lo trivial se tenía por importante y lo importante por pesado y obsoleto. Que solo los que robaban el tiempo a los demás tenían tiempo para hacer lo que querían, por que el resto debía dedicarse a sobrevivir. Que no por más nada, sino porque los hijos se criaban sin padre y sin madre, se había concluido que fue una muerte fingida la de Sodoma y Gomorra. 
Que por lo mismo cualquier proyección a futuro terminaba en cataclismo. Así siguió Chamín expresando que las costumbres se modificaban vertiginosamente al ritmo de la creación de falsas necesidades y todo era una carrera en pos del placer y el lujo que producían adicción. Por eso planteaba que para romper aquello había que quebrar el modelo ideológico imperante. Después mandó otro informe un poco como arrepentido de tanto pesimismo, diciendo que todo no era desperdicio, Sobre la mujer, por ejemplo,  habló maravillas, que si antes había que romper tela para ver carnes ahora había que apartar carnes para ver telas y por ahí se fue hablando de los avances tecnológicos en comunicaciones y transporte, las leyes estaban buenas pero había que darles cuerpo, habló de fiestas masivas con licores y vinos, gustaciones muy potentes y danzas, también del arte, alimentos y demás progresos civiles no aborrecibles.


En la Montaña había comenzado la guerra, Tostosto con su gente le daban medio palo a sus oponentes, le metían la cachapa entre el mapire y cuando de algún jamaqueo salían victoriosos les gritaban: “Agarren ese poquito para que guarden” Mucho bagaje guerrillero pulsábales las arterias desde "El Peluo" hasta aquí; Guaicaipuró y sus montunos, Miguelote, Chirinos y su negritud cimarrona, Miranda el legionario, Simón y su pléyade, Gual y España, Zamora, los Grammaleros, el Che y el viejo Min. ¡Mucho camisón para Petra! Elaboraban huecos disimulados en los que sus enemigos caían ensartados como sapos, cuando la recepción no era dada con serpientes Cueimas Gallos asesinas entrenadas, construían trampas con árboles flexibles que solían sacudir a muchos metros de altura a cualquier engreído mariguanero de cuya insolente planta ya alertaba uno que murió pero que tampoco se rindió nunca. 

Parapeteaban diques en las cumbres de las cataratas que al mover una espina de su enjambre, soltábase furiosa una avalancha de piedra, barro y agua que desaparecía entre la neblina de los farallones a los necios que no les alcanzaba la naftalina para quemar los cerros  infinitos que se reproducían unos tras otros. 

O pringaban con lanzas, flechas o cerbatanas fletadas con curare y barbasco cuyo efecto inmediato era el silencio final o le salían dentro de los troncos envuelto en tierra de árbol podrido con peluquines de Barba de Palo y vestuarios de Caña la India echando golpes a diestra y siniestra o le hacían la fuga del pájaro del Guácharo que se mete en Caripe y aparece en Brasil o le preparaban cobijas de Guaritoto o le guardaban un nido de avispa africana que es el animal que pone el huevo más grande. 

O hacían consumir los ríos a sus rutas subterráneas o viraban los puntos cardinales o alargaban las noches para oírlos berrear enajenados de terror con los garretes chorreados
Y no es nada, que de todas partes del planeta bajaban los poetas, los humildes y los justos para poner sus pechos como escudo de la redención. Y entonces cuando de noche la montaña se iluminaba como arbolito de navidad con las luces intermitente de los disparos, de la tierra emergían los muertos de su conciencia para tomar venganza por los siglos de brutalidad e ignominia. El slogan resumen y compendio de su forma de pensar era: ¡Primero muertos que pusilánimes!


En la aldea pueblo ciudad, reducto del Vejé y sus acólitos; el cura del tatuaje, Carlito que les hurtaba y les revendía sus propios juguetes,Yuvi el del río con la maestra, el inglesito Pólvora y Poncio los que fueron presos en la pelea, Tío Demetrio el de la burra y don Papón y la señora Martoca que eran sus padres y se incorporaron cuando se les cantó la canción de Alí “Madre déjame luchar". La cosa no iba mejor, por eso  cuando obtuvieron la primera victoria política, después de pintas ultrosas por las paredes, robos de bancos, molotov con explosiones piñatas de panfletos, reuniones clandestinas a madrugadas repetidas, saboteos de algunos oleoductos y entrenamiento a rapel, bomyi y parapente de sobre edificios cancerosos y puentes levadizos; Lo invitaron a celebrar, él dijo que no había motivos para agasajos, primero porque apenas la victoria consistía en despertar, descubrir el chanchullo, y que a pesar que podría ser trascendente, había que mantener el logro, que sino aquello sería un sofisma, similar a decir “Gradúate para que no te friegues” o la patraña de las telenovelas cuyo final feliz es el matrimonio, cuando en realidad después de esto es que viene lo fuerte a menos que no quieras explorar tu potencial o conocer la cara seria del noviazgo. 

Agregó también que era una falta de respeto campanear un wisky delante gente que posiblemente no tenía para comer y que aquel que quisiera seguirlo tenia que borrar para siempre de su banco de datos la palabra flojera, la palabra feo, la palabra chusma y otras que a razón del tiempo no se acuerda el narrador, pero que son descontables de conceptos como democracia, justicia e igualdad. Esmeróse el susodicho a trabajar por su pueblo y a rechazar todo tipo de privilegio de tal modo que no hubo rincón por apartado y triste que no lo anduviera de cuerpo presente o por intermedio de sus muchos iguales para resolver entre todos las muchas dificultades, fue cuando alguien le dijo que si acababan con todos los problemas después no iban a tener a que dedicarse, y entonces el respondió que después habría que atender el desarrollo, y siguió repartiendo saberes y responsabilidades clandestinamente, y cortó con aquello de que la información es poder, porque según refutaba que el poder es poder en tanto esté distribuido entre muchos y contemple una amplia vanguardia, con respeto por la gente, con amor por la vida con justicia por el hombre hasta que todos fueron como él y él fue como todos y entonces cuando hubieron construido algo que no era la felicidad pero podría llamarse así, porque el mundo esta hecho de palabras y la palabra es vida y lo que se nombra es; Extendió una invitación a Tostosto para que depusiera las armas, a sus hermanas que se habían cuadrado con su esposa y habían formado un emprendimiento de participación social bautizada “Las Ecuánimes” E inclusive a los enemigos que quedaban entre los cuales se encontraban La loca de Chon Gonzáles la que le había espantado su iniciación sexual en el campo con la primita y Vicente Volvos el del cine que nunca les perdonó que le hubieran alargado tanto su perifolla de respirar. Domingo Viña el rival deportivo y Rutilio el político sufijo de rutilante. Refrendado aquel pacto de convivencia,  comulgaron en que de alguna manera, los objetivos eran los mismos y que con un poco de inteligencia y tolerancia vencerían, Esta certeza la obtuvieron desde que empezaron a ver el resultado de su esfuerzos constantes, su voluntad e inspiración, pero muy especialmente desde que ascendieron a una sabiduría mistica de los Antepasados, Espiritus, las Ánimas, el Planeta y el Cosmo, de donde provenía la profesia que hablaba de uno entre los pequeños que surgiría para reordenar el sistema para la felicidad de los seres humanos. 

Fue para transcribir este sueño que a su vez es un trozo de un sueño mayor que encaja en otros miles de sueños de todos los delirantes que aspiran trascender su realidad; que empezaron a buscar un hombre simple, común y corriente, vulgar y silvestre que recogiera su historia para preservar su legado y la escribiera con las palabras que hablan los hombres sencillos por los pueblos debajo de los árboles haciendo figuras con un palito en la arena o los campesinos sacándole punta a una puya con una pala de machete o un ciudadano de una estación a otra en el metro. 

O quizás como se lo cuenta así mismo aquel que sorprendido en una solitaria y distraída risa, le comentan de sopetón “ El que se ríe solo de su picardía se acuerda” Debo aclarar que pusieron unas mínimas condiciones que no estoy cierto de haber satisfecho: Que no me ciñera a ningún estilo literario, cosa que agradecí porque soy lego en estilos, órdenes y demás artificios artístico de las letras, sé hablar y eso por necesidad y tradición, y que escribiera como quisiera o pudiera, de adelante para atrás, de lado y costado por que esto no era para estetas sino para poetas y pueblo llano y que me quedara como el que le ve el fundillo a su abuela si empezaban a hablar necedades. Que tratara de incorporar el léxico propio del pueblo oriental por aquello de lo pluriétnico y multicultural o al revés y que fuera directo a lo que les interesaba que se supiera del contenido que para frivolidades están otros mejor educados, entrenados y pagados, dijeron malas palabras, que como todas en este escrito contenidas, fueron a solicitud expresa de los protagonistas; “Que la mayor grosería la dice esta sociedad” y “Digan lo que digan yo también diré” Entonces fue que me mudé a sus cuerpos y a sus almas buscando pedacitos para componer esto que tiene como plano a Venezuela con un enfoque desde la orilla por donde le sale el Sol y quien quita que desde allí también haya sido fundado el universo que se juega con casitas de arcilla y hombrecitos de maíz.





Fin




Oreste Anduja 2003






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