Vida de Retazos
Vida de retazos.
CAPITULO I
Los muchachitos eran una broma seria, madrugaban bajo las matas de
mango, para ver quién encontraba el más bonito, era cuestión de
honor ser quién se lo obsequiara a la mamá, por eso allí se
presentaban las primeras refriegas de la mañana.
Tanto porque había que tener mirada de Gatotigre para detectar el
más grande y con mejor color, aún en la semi oscuridad de la noche
moribunda, con el agregado que en aquella llanada, por capricho de
las torrenteras, de los pájaros y la providencia, coincidían todos
los mangos dichos y pensados posibles: Mango Tin, Pecho e Paloma,
Mango Dudú, Mango Piña, Mango Hilacha, Mango Bocao; Como para ser
veloz en el salto de Ardillas que había que dar para tomarlo en las
manos, lo cual no era garantía de haber triunfado en aquella primera
aventura claroscuro del amanecer, porque quizás sería una sesión
de lucha cuerpo a cuerpo con triple batío y rebolcada contra el
hojarascal del escenario neblinoso y friolento, lo que permitiera
tomar la ventaja en el inicio de la carrera de regreso a casa,
subiendo por dentro del cafetal, porque aquellas eran tierras
inclinadas. Las matas que bordeaban el camino empapaban los
pantalones con rocío, cuando los usaban, porque a veces andaban
desnudos. De paso podían llevarse algún cangrejo desprevenido que
completaría la arepa raspada o pilada con café, leche o cacao
que ya antes de cantar los gallos se preparaba en aquella foto
irrevelada, desde cuya posición otros paisajes y olores inéditos
podrían intuirse. Porque en el campo cada lugar tiene su aroma
según los árboles y animales que lo habitan.
Sobre todo los sábados y domingos las jornadas eran de pronostico
reservado; después de buscar las trampas de Curareques, tipo de
roedor de montaña que asados son un verdadero manjar para los
entendidos, comenzaba la lujuria imaginativa de juegos y travesuras.
Los árboles eran los principales lugares para las hazañas de
Tarzanes, Tamacunes y Toloambas, Arandúes, Santos con máscaras de
plata y los hombres Águilas, y otros de su propia inventiva y
creatividad, como Guachipito el hombre de Ocumo, que le ganaba a
todos los otros, allí podían dar vuelta canelas, maromas y otras
contorsiones acrobáticas de estilo libre.
Calidad; la vez que subieron a un árbol de Pardillo de tal tamaño
que cuatro hombres tomados de la mano no lograban abarcarlo y que
había sido abrazado en espiral por un grueso bejuco de Murciélago,
que son hebras vegetales delgadas que logran hacer robustos mazos
cuando se juntan, subieron pues, torneando el mastodonte vegetal, y
estando arriba los tres ¡Desprendióse el bejuco! Como una bailarina
de Ula ula, dejándolos en lo alto ¡y bien alto! Bastante temerosos
y preocupados, negados a llamar al padre porque tenían la certeza
que éste zanjaría la cuestión a punta de correa. Después de
varías estimaciones y cálculos de posibilidades de riesgos y
consecuencias, tomaron la temeraria decisión de ir goteando uno por
uno, lo más silenciosamente que pudieran: Habían caído los dos
primeros con cierto éxito, aunque con bastante desparramamiento
corporal y algunos discretos pujídos, cuando por algún capricho de
la mala suerte, el señor, comenzó a llamarlos, al extrañarse por
el mucho e inusual silencio que se había cernido sobre el rural
paisaje del Algarrobo de Buenos Aires, que era como se llamaba aquel
lugar anclado en plena serranía de la sinuosa península de Paria,
solemne y fugaz, que baña sus hijares o costados en el Mar Caribe o
en el Golfo de Paria, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda
según como la vueles.
Resulta pues, que con la presión de los gritos del papá, la
distancia de mareo que abismalmente lo separaba del suelo y el apuro
con que le insistían desde abajo los hermanos, para que se lanzara,
los nervios terminaron por apoderarse del muchacho, que no solo, pegó
un grito retumbante y agudo entre quejido y gruñido de valor, cuando
por fin decidió someterse a la atracción de la tierra y sintió ese
vació en el estómago que hace subir el contenido digestivo a la
garganta y te interrumpe bruscamente el oxigeno con efecto de hipo. Y
para ñapa, los hermanitos, al intentar quecharlo en el aire,
sintieron aquel aporreo de racimo de coco, con mata y todo, que no
pudieron sostener y vueltos una pelota de gente, rodaron largo y
tendido por la inclinada cuesta, y fueron a tener justo a la orilla
del camino, envueltos en tierra negra y monte, donde alto y blanco,
con el ceño fruncido y un rictus de medio lado en la boca, entre
sonrisa y mueca, presagio de incierto futuro; los esperaba Ricardo
Papón. Así llamado su progenitor.
No se tiene noticias de lo que ocurrió a continuación, pero se
rumora que en el escape subieron de nuevo al Pardillo. El motivo de
esta sospecha fue que en una conversación que se dio a futuro, se
habló de una escena para una película, donde se describió una
noche de montaña, con tantos y tan especiales detalles, que solo una
persona, que halla dormido encaramado en un árbol de aquel tamaño,
en una siminencia tal, en una semerenda montaña y en un chinchorro
redondo, de moriche, podía conocer. Y empezaba así: “Es un
momento total y profundo de oscuridad, que no se sabe si se tienen
los ojos abierto o cerrados, lo único que se perfila más o menos en
la penumbra, son las siluetas de las distantes montanas recostadas
contra el reflejo de luna escondida y en donde, algunos Cocuyos
pululan esporádicos y el cantío de grillos, pájaros nocturnos,
algún sapo Chinagua y otros minúsculos vivientes sonoros, le dan
ese clima de misteriosa y reposada calma y cierta sensación de
sobrecogimiento y susto, más allá, desde muy lejos se percibe
titilante la luz de algún mechuzo, con que se acompaña un
campesino en la casa más cercana, que debe estar como a una hora de
camino sin estrellas, porque probablemente el follaje de los árboles
sería tan espeso que tunelizaba el sendero”.
Otras veces podían victimizar alguna mata de cambur con flechas y
lanzas o hacer burros con sus vástagos o realizarse cintas y
vestuarios Parigotos o Maquiritare con sus cachipos.
Cuando no, construían Trojas con techo de Carata, que así se le
dice a la palma del Corozo, y bajantes de bomberos con varas de Caña
Brava para jugar a los Compais. O realizaban escabrosas obras de
ingeniería, redes de comunicaciones terrestres con subterráneos y
todo, para sus carritos de tuza y Majagua.
Podían también hacer maromas sobre unos Polinques o Zancos o
construir trapecios oscilantes con bejucos de Chacoepuerco, sobre la
Posa del Chorro, que según el decir de los pescadores con Barbasco;
Cinco hombres empatados no le llegaban al fondo.
Candelosos, eran los duelos de vaqueros con revólveres y pistolas de
madera o a dedo limpio. Donde el mayor, moreno, pelo indiano, por más
tiro que se le echara nunca moría.
Desarrollaron una relación amistosa con una yegua, tipo de
iniciación leve de zoofilia y era fiesta llevarla a bañar, hasta
que un día yendo con el padre, la fulana yegua se arrimó al tronco
de su costumbre y por más que le arrearon y halaron por las
riendas; la señora bestia, uuhu, no se movió, entonces tuvieron que
romper monte con las costillas para escapar del inminente castigo.
Pero que casualidad y cuanta ironía, que después con el tiempo bajo
cierta exaltación etílica, el mismo señor contó que una mula
enamorada le había hecho pasar una pena.
Llegaron a ser expertos atrapando pájaros con pega de resina de
Castaña y masa de maíz; tomaban la mezcla y la masticaban hasta
elaborar un chicle que envolvían en una horqueta fina de Guayaba a
la cual le ponían como señuelo banana, ya después la cuestión
era monear rápido la mata para que el Azulejo, Pitirre, Finfin,
Carricero, Curiñatá, y Vidor, u otro de su simpatía, no se fuera a
escapar o dañar las plumitas, después lo metían en una jaula que
habían construido con Verada, que es la varilla que trae la espiga
de la Caña Brava. Materia propia para hacer bellezas de jaulas,
hasta de tres pisos. Por eso era que la casa siempre estaba llena de
gorjeos y cantos de pájaros, que después que se acostumbraban al
comedero, se les habría las puertas para que fueran y volvieran.
También había en la casa un perro llamado Vigilante, una mula
llamada Rancho grande, una yegua que rompía los sillones en el aire
con patadas, tres burros, Burro Negro, Burro Blanco y burro Pollino,
una cochina con sus cochinitos, muchas gallinas y gallos y seis
chivos que regresaban cuando se les tocaba una campana.
Lindo era, cuando se empezaban a poner sobrenombres; Barriga de
Leche, Quien Te Ve, Chupa Jobo, Pantaleta de Huequito, La Burra de
Manen, Ponchera de peo, Tostosto, Pageño, Juan Colorao, Pollinera,
Huevo Lucio, Majarete, Pistolero Desnudo, Manteca de Perro, La Mujer
de Oreste, Nalga Flaca, Oreja de Pepa de Mango, Papón, Mocobin,
Catano, Barriga e Cazón y muchos otros que se sucedían hasta que se
presentaba un intercambio de Jat, Oper cut y gancho cruzado con
triple patada voladora. Ellos fueron los pioneros en eso de poner
sobrenombre, desarrollando un gusto por bautizar las cosas, se
comieron el primer chicharrón, le quitaron la espuela al gallo e
inventaron el Papelón.
Una vez le pegaron al Jabao porque comenzó a decirle a un tío: _”
Ponle el burro a la burra Mencho, ponle el burro a la burra Mencho”
de manera sostenida y reiterada, hasta que el tío Demetrio, que
tenía una burra llamada Pan y Vianda, porque según le ayudaba en
doble sentido, lo laborar y lo doméstico, le respondió con su voz
espesa y escarranchada:
_“Bueno pero si es que estás muy tibio móntale tu, pues” y le
echó chaparro con una rama de café. Este mismo señor estuvo
involucrado en otro episodio cuando una de sus sobrinas amarró al
Jabao Vejé Tico Catire a una mata de limón por ensuciar un piso y
mostrar cierto resabio por el castigo.
Ese mismo tío era el que decía que un hombre es hombre cuando
aprende a guardar un secreto.
A veces los juegos eran de descubrimiento, cierta ocasión, una
primita muy precoz pidió investigar la cueva de los tesoros y en
eso estaban, cuando fueron interrumpidos por la Loca de Chon
Gonzáles, una mujer media lengua, que tenía una apariencia de
monje encorvado y taciturno, no se conformó solo con sabotear aquel
místico momento, privado, de experimentación y acercamiento, con
algo como: ¡Epa que tán ciendo Ahí! Sino que esperó que llegara el don, para soltarle una lenguará a medias palabras con mucha saliva y entre ahogos, delatándolos y recomendando que les pegaran. Menos mal
que el viejo en aquella ocasión tuvo buen tacto y se limitó a
aconsejar con argumentos sobre la consanguinidad y sobre la
importancia de la responsabilidad y la paciencia, “Hay que darle
tiempo al tiempo” dijo.
El que temprano se moja tiene lugar de secarse. Claro que no todo era
parranda de sapos, porque también les tocaba meterle el pecho a la
jornada, pero muchacho barrigón ni que lo fajen chiquito, era
cuestión de buscarle el lado bueno al trajín de la agricultura, Lo
primero era amolar el instrumento, (en el caso de ellos era una
palita de machete que habían desechados los adultos, gruesa en el
cabo y finita en la punta) eso después de venir con los mangos y el
cangrejo, luego bajar para la hacienda, a la brega. En la mañanita
cuando se baja descalzo por los caminos, las piedras maltratan mas de
lo normal y cuando se sube con cholas de goma, en lo que se mojan se
ponen resbalosas, así que ni con chola ni descalzo es bueno coger
camino tan temprano y menos si está garuando y encima traes un
paquete de leña o un racimo de banana en el hombro.
Por eso era que con cierta frecuencia el Jabao se resistía a ir,
aunque le pegaran, claro que en parte la culpa era de Radio Rumbos,
por no poner más temprano Las Aventura de Martín Valiente o Los
Hermanos Villalobos. Pues, más que todo, eso era lo que lo
demoraba
Si la actividad trataba de desmalezar o halar machete y garabato,
como mejor le decían, entonces la pendencia de una cueima mantenía
el agite y cuando alguna aparecía, que era frecuente, aquello era un
relincho; Piedra de aquí y piedra de allá, salta paquí y salta
pallá, Azuce de aquí y azuce de allá, hasta que con una puya
afilada, venia don Papón y acababa la diversión. Si se trataba de
tumbar aguacate el Don subía a la mata con una cabuya amarrada en
la cintura, una vez que estaba arriba lanzaba la punta de la cuerda
para que amararan el Tipure, que es una vara larga que termina con
una bolsa de tela en la punta, abierta con un aro metálico, una vez
subido, volvía a lanzar la cabuya para que amarraran un saco, que
convertían en busaca al doblarlo y amarrarle dos piedra en los
costados, luego bajaría lleno para que amontonaran los aguacates,
en ese ínterin de subir vacía y bajar llena la busaca con la
cabuya, es donde pica la plaga parejo y por eso es, que generalmente
los tres se metían dentro de otro fardo, pero resulta que los sacos
de Pita tienen un tejido de huecos grandes y era peor el remedio que
la enfermedad, porque la plaga encerrada se le mete a la gente en los
cabellos y es cuando se presenta la gran picazón, entonces la risa
estaba en quien lloraba primero. Por eso es que ellos pensaban que
era injusto que luego de transportar la cosecha hasta el pueblo, se
lo pagaran a locha cada aguacate de a kilo, cuando se sabía que en
los mercados de las ciudades lo vendían a mil bolívares. En la
cosecha de Cacao, la diversión estaba en pasar uno o dos días
después a recoger las “huérfanas” que eran las maracas o vainas
rezagadas con las que se podían quedar, y luego de secado sus
granos, vender en la bodega, con esto se podía comprar meriendas o
cualquier otro menester. Cuando tocaba recoger el café, entonces la
atención estaba en encontrar un grano morocho, con el que según,
al regalarlo, una persona se convertía en compadre de otra, singular
costumbre, muy parecida a la de bautizar muñecas, muy difundida
entre sus hermanas y vecinas. ¡Ah muchachonas caray! Bonitas y
decenticas, ellas también eran tres, todavía no sabían que cuando
la mamá cumpliera cuarenta años tendría uno más. También ellas
tendrían el mismo talento de majaderas; Una vez siguieron al primo
Catire, un albino pecoso y desgarbado, para cerciorarse lo que en sus
mentes polemizaba: Si el Catire tenía también los bellos púbicos
rubios. Cuando llegaron al manantial donde el Catire se bañaría,
escondidas a cierta distancia y con gran sigilo, comprobaron que
efectivamente aquella humanidad, más blanca que una rana platanera,
no tenía ni un solo pelo negro. Y hubieran salido lisas de aquella
incursión, si no es porque la menor de las hermanas, en un arrebato
de inocencia y excitación humorística gritó de la manera más
cordial y entre risas: _ ¡Mayor penca de culo Catire! Por su puesto,
tuvieron que meter aceleramiento de emergencia para alejarse del
peligro. Pero esa es otra historia que merece mejor cronista.
Tenían unos primos que vivían en Caracas y cuando los visitaban se
la daban de finos, no comían esto, no comían aquello, les
fastidiaba el Puripuri; una plaguita chiquita que deja una manchita
negra cuando pica, tenían fobia de ensuciarse de tierra y todo les
causaba risa y menosprecio y de paso hablaban medio amanerado, sin
embargo en una parte perdida de este escrito, se supo, que dichos
primos vivían en unos cerros de Caracas que daban vértigos, donde
si te parabas arriba no veías las casas sino los techos, y los
pilares estaban pegados en el aire con saliva de loros y alguna gente
del campo que los visitó, bajó las escaleras sentado en los
escalones,primero los pies y después el rabito. Por ese motivo
después cuando volvieron con las misma ínfulas y preguntaron si
había mangos se le respondió con orgullo: _ ¡Como guate de burro!
Volviendo a esta edición, el más grande de los hermanos, tenía
madera de comerciante, podía vender desde un cuarto de arepa hasta
un rin de bicicleta para chorrearlo con una barrilla o cobrar un
bolívar por leer un capítulo de la Odisea, un real por uno de
Casas Muertas, y medio real por uno de Kalimán, hasta que los otros
dos se molestaron y decidieron aprender a leer y cogieron para el
pueblo. El tercero no le quedó más remedio que alcanzarlos. Pero
como todas las cosa, que siempre tienen varias motivaciones, el
verdadero mérito lo tiene la señora Martoca que decidió “que mis
hijos no se criarán brutos” y se fue bajo un palo de agua para el
pueblo sin conocer a nadie, a la primera persona que contactó fue a
la señora Cruz Codallo, que tenía pinta de italiana y la
maledicencia, o habladores de tonterías, decían que volaba, ella le
prestó un quiosco de tablas para que se arrimara mientras conseguía
algo mejor, frente a aquel ranchito pasaba los toros maníaos y
furiosos, botando baba por la boca y dando tumbos de lado a lado de
la carretera y daba miedo que se pudieran meter a la casita, escena
esta que un hipnotizador médico Chamánico informal brujoconsulto
descubrió como motivo de los sueños persistentes, que
posteriormente tuvo el Jabao, donde era perseguido por un toro y al
tratar de correr por más esfuerzo que hacía, no lograba avanzar.
Este mismo adivinador fue el que descubrió que la fobia por la
sangre que padecía el protagonista, se debió a que cuando era un
carajito en la casa del Algarrobo, un hombre infringió a media
noche, varias heridas a una mujer en la cama de la mamá del jabao,
la mujer se llamaba “la Piscua” que es la denominación de un
pájaro de mal agüeros que canta con esta onomatopeya,
¡piisscuuuaaaaa! Total que la madre y el niño esa noche huyeron
por entre el desmonte y el hombre persiguiéndole gritaba
ininteligiblemente: _! Dondestaesecoñoesumadreporay! cuestión con la
cual inocentemente bromeaban sus parientes después del miedo. .
Aquella cabañita del pueblo, tenía varias matas de caña, y como
quedaba en un terreno hondo, se inundaba cuando llovía y allí fue
que ellos apreciaron por primera vez la mayor y más cantarina
alfombra de sapos, de todo tamaño, color y pinta. Después se
mudaron alquilando para las Tablitas, un sector frente al cementerio,
Allí fue que empezaron a observar que unas inmensas gandólas con
cadenas en las ruedas, se llevaban apilados los árboles muertos que
sacaban de Los Bajos, que eran unos terrenos vegueros plenos de
Cedros, Pardillos y Apamates, Fue triste cuando talaron el árbol de
Alatrique que era una frutica demasiado exquisita y que después
nunca mas se volvió a ver otro de su misma especie en el mundo.
Allí en aquel punto frente al cementerio, pusieron una bodega hasta
que por fin compraron una caballeriza húmeda y hedionda a orín de
caballo, que había sido de Evangeristo Peláez. Y que le pasaba un
caño por el fondo.
Del campo al pueblo había cuatro horas de camino, por el cañón de
Río Grande, al cual se debía ir cruzando paso por paso o tramo por
tramo porque iba serpenteando delante, en varias partes continuas.
El camino tenía lugares de barro negro donde las bestias se
atollaban y a veces cuando llovía, crecía tanto el caudal, que se
debía pernoctar en algún recodo de su trayecto. Dormir en el camino
es cosa de vivir la experiencia; los sabores, los olores, las
visiones son desacostumbradas en alguna casita del la cuesta que te
de albergue. Muchas veces se le vio a aquellas gentes con el agua al
cuello, sosteniendo en lo alto cestos tejidos de fibra natural,
bregando contra la corriente y la Cabezá, que es la ola que inaugura
la creciente. En una parte, el recorrido era por entre potreros,
donde había algunos toros y vacas que le gustaban perseguir a la
gente para divertirse. Un camino difícil y solitario y además con
lugares donde se decía que salía muertos, espantos y un tal
guerrillero que llamaban “El Peluo”, en fin que por esto, era que
ellos tres, alguna vez desearon que aquel río pudiera ser navegable al
menos para Curiaras. O como a veces también soñaban que habían
abierto una carretera hasta arriba y pasaba por la puerta de la casa
del campo, incluso una vez llegaron a escuchar una bocina. Porque en
el campo suceden muchas cosas raras; En cierta ocasión, en pleno sol
caliente, calló del cielo un pececito brincando en el patio. En
otros momentos conseguían unas piedras de centella a las que le
amarraban un hilo alrededor, luego la metían en el fuego y la hebra
no se quemaba.
De igual modo se podía escuchar de noche golpeando las ropas contra
las piedras, como si estuvieran lavando abajo en el rio o pasar una
risa con aleteos de sábanas sacudidas sobre la casa y por eso fue
que Doña Martoco, la mamá de los carricitos, sembró una mata de
Piñón en cada esquina. Que hacia juego con la mata de Amapola que
ponía todo aquello oloroso pero lo malo era que echaba unos gusanos
grandísimos y según se conocía que la usaban para vagabunderías. Porque
el secreto de la mata está en que son espíritus vegetales.
El poblado, que antes había estado de frente al golfo, porque como
se sabe todos estos habitáculos indígenas tenían su entrada
principal por agua, que luego fuera puerto de exportación de Cacao y
Café para la época española hasta que Santiago Mariño en 1813;
pasó con sus Yabajeros, que así le decían porque venían de abajo
y libertó todo aquello, según se dice, antes que el caraqueño; El
pueblito era realmente especial, el río se desbordaba y transitaba
por sus calles en las cuales era frecuente ver bañándose a los
niños, en cuyas cunetas podían atraparse Guabinas, Cangrejos,
Bagres, Conchúos también llamados Bucos y hasta Babas, que es una especie de Caimán. Este pueblo,
en el que llovía y hacia sol al mismo tiempo, cuando peleaba el
diablo y la diabla, estaba enclavado dentro de una hacienda de Cacao
llamada Tacita de Oro, al pie de la cordillera Costa Montaña del
oriente venezolano. Y recostado del manglar del Golfo de Paria, el
cual penetraba al pueblo con unos de sus caños, por eso se podían
ver garzas blancas, Corocoras y Tinguines, El Caño corría casi
paralelo a la calle San Miguel que era la primera que se encontraba
entrando por Las Tablitas, sector llamado así porque las
construcciones eran de este material. Está tan cerca el golfo al
pueblo, que cuando la marea sube huela a Mapurite empachao, porque
esta mitad de mar es el resumidero del río Orinoco y el Caroní que
lo bañan con varios brazos del Delta y suelta unas palometas peludas
que pican e hinchan el cuero, Sin embargo a diferencia de lo que
pudiera creerse, el Sarampión mata a mas gente que el paludismo,
como le pasó al Negro, que hubiera sido el octavo de los hermanos,
que por cierto, murió a los nueve años, un día que estaban
sofriendo aliños y hay fue que se inventó eso de que la muerte
huele a ajo y formol.
El cielo de aquel pueblo era verde, porque las manadas de loros
formaban una especie de toldo semi permanente que los adultos con una
gomera desde abajo lograban bajar algunos, las doñas sabían la hora
que era según como se alborotaran los Pericos. Dos enormes troncos
tallados de Cedros tirados de orilla a orilla de Río Grande,
comunicaba a Yaguraparo con el Pilar hacia el Oeste, Por eso fue que
Porfirio Caraballo, nacido en Rio Caribe, El hombre que inventó el
Pan Cachito del Pilar y El Chorizo Carupanero, el mismo que le
pusieron la nariz cuando la carne estaba barata y la tenía mas
grande que la de Vicente Volvos, uno que más adelante se sabrá de
él; inventó los carros equilibristas y cuando el río se llevaba
los troncos que hacían de puente, pasaba su carro, con los rines
sin caucho, sobre dos cabuyas untadas con sebo de ganado. Más
adelante en la misma dirección, había que repetir el mismo caso
sobre Río Claro, y para ir al Este, en dirección a Irapa, era
obligado mojarse los pies en río Barceló y de ahí es que viene el
refrán que dice que para coger Guaraguara hay que mojárselas todas,
o algo parecido. Todo el urbanismo era una plaza Bolívar de calzadas
altas con argollas para amarrar las bestias, un matadero de res, un
mercado, una escuela, cuatro bares; El bar de Ramón Pojera, el bar
Brisa del Rio, la Taguara de Mayilla Y el bar de la Pepita, así
llamado por que quedaba en una encrucijada, En el bar de Ramón
Pojera fue que se suscitó el incidente donde Don Papón, estando
bailando con unos pantalones vaporosos una canción colombiana que
hablaba de una fulanas palomas que volaban… y miren que el hombre
bailaba bueno y bastante, una vez ganó un maraton de tres días en la
pista con los que se llevó el premio en metálico, unos dolores
reumáticos y la fama de ser quién creó el dicho “¿Quién me
quita lo bailao?” Fue pues, que invitó a una dama que se ganaba la
vida con el oficio más antiguo de la tierra, que bailara la pegajosa
y rítmica melodía, pero ella tenía otros pretendientes que
mejores presupuestos y propuestas le presentaban y optó por ellos
aunque el campesino se molestara.
(Y atento, que quién pasa por aquí, se va de lado mariado, y cantando medio rimado, para disfrutar el suceso)
Éste, sobrado de orgullo, que a los ricos les sabe a nada y a
los pobres hiere y desangra. Mete a la dama una cachetada de las que
duelen, marean y dejan a la gente abochornadas.
Los habituales, que liban y hablan y que dependen que los dueños
le tiren vianda y sirven cuales siervos y a los suyos delatan,
conspiran y maltratan; persiguen a Don Papón que parte raudo y
veloz por los inciertos caminos de Dios. Justo en el momento cuando
el coro de la cumbia decía: “Vuela paloma, vuela”
La Doña Martoca que no lo desampara espera en la puerta como
desvelada, cuando ve a lo lejos que el hombre recala, se fija en
la cola que trae en la espalda, le abre la puerta como esperanzada
que al pasar al frente lo toma y lo jala.
Pero el hombre aquel en trance tormento, deseando par de alas,
leves ante el viento, avanza violento. Delante la nada, detrás la
avalancha, me paro y me matan, me meto y salvan.
Pero vienen cerca los que me amenazan, ya no tengo tiempo de
entrar en mi casa, aruñazos fieros que casi me alcanzan, veo la
puerta mi ultima esperanza… más que puerta es mancha, ¡mi
estancia! Me pasa y rebasa y sigo mi andanza: “Vuela paloma,
vuela”
Cuatro bodegas: la de Juan Cují, la de Evangeristo Peláez, la de
Manien y la de Chufleca el hombre de la fatiga. (El mismo que una vez
por estar haciendo propuestas indecentes a muchachitas, fue paseado a
punta de palos de escoba por el centro del pueblo) Un estadio y un
cine. El cine de Vicente Volvos.
CAPITULO II
La adaptación fue dura, le decían campurusos, le tenían miedo a
los cohetes, le metían los dedos a los sócates de la luz, Chocaban
contra las puertas de vidrio, hablaban durísimo, salían corriendo
del cine cuando la pantalla los apuntaba con los cañones, no
conocían el televisor. Sin embargo, eran avispados y alegres y un
idioma amplio y fluido que habían aprendido de la radio, tenían
templados los músculos y el pellejo duro y una mamá que parecía
una Loba parida, era tremenda y lo demás es cuento; Arrastraba por
los moños a la vecina, coleaba con un chaparro al policía y le
componía versos satíricos al Jefe Civil y además con el corazón
grandísimo, del tamaño de un Pandelaño. Por esto impusieron el
respeto y el cariño del pueblo. No importa que el papá no fuera
todo lo responsable que se pudiera pedir, no por malo sino por hijo
único y escasa formación urbana; Con peones en sus haciendas y
verduras que se perdían; a veces los carajitos pasaban hambre en el
pueblo y él sin bajar de los campos, ese fue el motivo por el que se
metieron bajo la cama para esconderse, una vez que llegaron sus
amigos, para que no los vieran tomarse una sopa que habían preparado
y cuyos ingredientes apenas fueron una cebolla, agua y sal, gusto
aquel que les quedó para siempre por la crema de cebolla, de ajo o
cualquier otro compuesto de especies que conocieran luego en su vida
de gourmet. No tenían ningún tipo de mueble, y para hacer las
necesidades tenían apenas el hueco donde nunca pondrían la poceta,
muy reducido por cierto, por ese motivo había que afinar la puntería
y he aquí como nació ese eslogan que después se hizo muy famoso
que decía: “Apuntale a la cesta.”
Los juegos cambiaron, ahora se jugaba con carritos de hojalatas y
caballitos de goma, los mismos que eran hurtados y revendidos varias
veces por uno de los más cercanos amiguitos del pueblo, llamado
Carlito, también jugaban Potipoti, que consistía en tirar un pote de lata
y esconderse mientras el que había “quedao” lo buscaba, la cosa
era tocar el “Punto” antes de que te vieran y sonaran el pote contra una
piedra. Se jugaba también Quieto, Paralizao, Pichas, Chapitas,
Trompo, Zaranda, Coco contra coco, el Chiriguare, Chimichimito y Zambarambule, o
ponían a sonar los cueros de sus tambores costeros, se hacían
carreras de gatos, que se realiza instalando cuerdas paralelas a la
altura de los felinos a los cuales con collares y aros se colocan en
cada uno de las líneas, la partida se define con un cohete, Tumbarrancho o algún otro artificio sonoro. Una vez
quisieron prohibirlo por maltrato al animal y la gente reclamó
porque no lo hacían con el Correcaminos bit bit. Se cazaban sapos en
la calle Guate Cochino o se realizaban duelos de pelotas de barro en
el río, a donde solían ir a bañarse todos los días, antes de
asistir a la escuela. En aquel lugar fue que aprendieron el nivel
dos de puericultura, mención geofilia; le habrían un hueco a la
pared de arcilla roja que se hacia en la orilla del río y allí
simulaban el acto de amar. Una vez jugaron a poner un muñeco de hule
grande que tenía un pene, a hacerle el amor a una muñeca tuerta y
despeinada que le faltaban las dos piernas. Ese fue el nivel tres;
plastifilia. Eso sucedió para la fecha cuando se murió Juana Rojas,
la abuela paterna del Vejé, que era ciega pero hacia mandado y andaba sola y
tenía el pelo por la cintura, había nacido en Margarita y criada en
Rio Caribe, era blanca y buena moza y decía que tenía una oración
para que le sonaran siete campanadas cuando se fuera a morir, o sino
que viera pasar un entierro y al preguntar ¿a quién llevan? le
respondieran con su nombre. Ella contaba que su esposo, un hombre
negro nariz afilada, tipo Culí, que andaba en una mula con fajos de
billetes en la cintura y se había metido por aquellos campos huyendo
de la dictadura de Pérez Jiménez. Parece que llegaron cerca en el
tiempo con los padres de la señora Martoco, una negra que usaba un
aro en la nariz y un albino ojos verdes.
Cuando bautizaron al Vejé, unas tías muy bonitas de Caracas le
mandaron un partó blanco y unas botas tipo Comanche con faralao de
pellejo. Su padrino fue el señor Polo y la madrina la señora Santa
la Vaca, nombrada así por un guerguero que la había quedado en la
garganta de una quemadura. Por cierto que de manera extraña y para
su disgusto también se la ponían de novia, y esa fue la causa por la
que una vez se tiznó todito y se llenó de manteca al revolcarse
entre una paila donde estaba comiendo puerco guisado con chino
sancochao, cuando le dijeron que Santa y él estaban enamorados.
Este Vejé era muy peleador, pero había un enano muy forzudo, purrulo y
marutón. Tenía el ombligo como si media berenjena le
brotara de la barriga, se llamaba Guichito, lo tenía aperreado; Le
ponía palitos en las orejas, hacia dos rayas en el suelo y decía
que esa era su mamá y luego la borraba con sus pies, con esos pies
en los que tenía los dedos gordos como dos cabezas de morrocoy,
hasta que un día, se hartó este fulano Vejé Jabao Pelo Amarillo
Chicharrón y se le fue encima con tanta fuerza que cuando chocó
contra el puño del Guichito, se vino al suelo medio turulato, a
punto de desmayo, y estuvo presto de pegar la carera en cobarde
retirada, sino es porque en ese momento llegó Rolando, El mismo que
tan penoso era, que una ves, después de una cita con la novia,
cuando los amigos le preguntaron si la había besado dijo: “No la
besé, pero me dijo chao Rolando” La cuestión es que llegó Rolando con un chamo que era tremendo pintor y escultor y lo llamaban El
Viejo, dos amigos con los que el Vejé y sus hermanos
practicaban un cunfú chimbo entre zambo y marañon, tomado de Bruce
Lee y mezclado con técnicas de Kit Pambelé y Pantoño Oronó; Y se
frenó de chiripa, cuando estos les dijeron: !¿Qué Pasó Guevonzón
te vas a dejar someter?! Y entonces le vino una fuerza como de burro
maiciao, y abrazó al enano por los tobillos y se lo echó en el
hombro, el enano gritaba, buscando equilibrio con los brazos,
pidiéndole a su hermano “Chovea” para que lo ayudara, pero este
no se movía porque había llegado los dos hermanitos del Vejé Jabao
Pelo Amarillo Barriga de Leche, que por cierto se llamaban Tostosto y
Pollinera, Tostosto porque era medio fuño y se le pegaba la lengua y
todas las palabras las iniciaba pegado en tos...tos... toy aquí, y
Pollinera porque se dejaba crecer una larguísima pollina. Tenían al
Chovea levantado por la pretina del pantalón que solo se sostenía
en las puntas de los pies. En eso Llegó Partó un tipo alto que
alzaba pesas y era anchísimo arriba y finito como un chupichupi
abajo, y se la daba de boxeador y pertenecía a la patota del enano y
gritó: ¡Todos contra todos! Total que el Jabao se volvió el polo,
(Más por la música margariteña que por el nombre de su padrino o
el helado que más adelante relataremos) agarró al pobre enano
zapatón por los pies y lo arrastró un rato por la cuneta, que
tenían ciertas aguas limosas y con un regular hedor (en esta parte,
por lo tramado de la pelea, no se sabe a ciencia cierta. si es así
como se cuenta o fue el Guichito quién arrastró al Vejé). Sin
embargo el enano que no era mocho, peló por una puya de raya y
¡chaquiti! Lo prensó por un brazo, al verse herido el Jabao le pegó
la mano a un burro. Este fue el mismo burro con que después de
grande el Jabao participó en una competencia y la iba ganando, solo
que se trataba de dar una vuelta a la redonda al pueblo y cuando
pasaron por el punto donde salía el camino para el campo, el burro
partió veloz en esa dirección y no hubo forma ni manera de parar al
animal, que cuando por fin pudo regresar al pueblo, los demás
burros tenían rato descansando y ya habían repartido los premios. ¿Por don de iba la pelea? ¡Ah
ya sé! Montóse en el jumento el Vejé Jabao Tico Catire Pelo
Amarillo Chicharrón Barriga de Leche Come Tierra, con idea de
escapar del sitio, cuando con una tremenda piedra el enano le hizo el
zwuin homicida, que si no es por que se tira al suelo le vuela el
afro loco, melena torcida con terminaciones amarillentas, que desde
ese tiempo ya empezaba a usar. Guindóse entonces de la tripa
reproductora del animal y pudo alejarse al galope. Para ese entonces
todavía se peleaba a puño, lo que pasa es que el enano era
tramposo. Visto el Jabao que la cosa era en serio, y ya curado su
puyazo con borra de café y querosén, tomó en el aire un rabo de
Chucho, que le lanzaba en es momento un chamo llamado Pitiguey que
venía de San Juan de las Galdonas y era negrito como una Pepa de
Zamuro, y retornó al combate. El rabo de Chucho es una cola de un
pez con este nombre, que es un arma tan temible como el Pipetoro, que
donde pega quita el pellejo. Salió coleando al Mediometro Enano
Zapatón Maruto de Berenjena, con ganas de zarandearlo bueno y
bonito.
No contaba que el enano Zapato de Manacho corría durísimo y se refugió en la iglesia, allí el cura quedó sin sotana tratando de evitar el altercado, el cura era flaco y tenía tiempo sin llevar sol, por eso se le notó que tenía el tatuaje de una mariposa sobre una tetilla. Ya para ese momento se había generalizado la tángana; Dos perros que también guerreaban, se echaron tanto diente, que quedaron nada más sus dos rabitos. Salieron, el enano y su contrincante de la iglesia y se enrumbaron para la Jefatura Civil, en ese momento arreglaban el pleito del gallo de la obra “La Jefatura del Pueblo” de Aquiles Nazoa y por ese motivo no pudieron atenderlos y se fueron abrazado rumbo al golfo conversando y echándose puño tranquilamente, pensando que de pasada se pararían en el Matadero Municipal para tomarse cada uno un ojo de toro crudo y así reponer las fuerzas y seguir peleando.
Acontece que en aquella
refriega hubo de todo: Magulladuras, torceduras, estrujones, ojos
morados, uñas encarnada, pero aparte del Vejé no hubo ningún
herido, excepto una cochina americana que fue topada por una flecha
perdida y que hubo que repartirse en forma de chicharrón con
ocasión de una reunión posterior que se hizo para reconciliar a la
comunidad. Y por ese motivo, en ese año se suspendieron las fiestas
de San Juan Bautista, patrón de Yaguaraparo, puesto que la pelea fue
tan grande que se unieron a la trifulca los sectores del Muco, La
Chivera, La playa, Ña Bartola, El Jobal, Barceló y Rio Seco. La
consecuencia fue que abombaron los instrumentos de la retreta,
rompieron un tarantín de un Titiritero llamado Pito-pito, que era
descendiente de Maese Pedro el mismo que aparece en Los Miserables de
Víctor Hugo. Y, se robaron el santo. El único preso fue Poncio, por
que se estimó que siendo tan negro, era trampa quitarse para
pelear, la camisa en la oscuridad. Aunque lo soltaron cuando
interfirió el Inglesito Pólvora, quién alegó “prejuicios
faciales” por que los dos eran feos de verdad.
Vicente Volvos, el del cine, tenía una nariz tan grande que le
decían nariz de Tucán, cuando se sentaba en la puerta para recibir
los tikes, debía estar mosca porque había muchas probabilidades
que alguno de los que entraban, se hubieran ganado el suyo apostando
que le jalaba la nariz al señor Nariz de Corneta Redundante, como
también le decían. Y después con una linterna entre tanta gente
mamando gallo y riéndose, el pobre Nariz de Flauta, no sabría quién
le estiró un poco más ese día su protuberancia respiratoria. Buen
hombre y de respeto el señor Vicente, pero en esto de las echaderas
de broma, el que se calienta se le revienta.
Afuera vendían Castañas
sancochadas lo que adentro producía sonoridades pestilentes. Aquel
cine tenía solo una parte techada, así que en tiempo de lluvia, la
gente que no tenía para pagar “preferencia” se llevaba su jabón
para aprovechar de bañarse mientras veía su películita. Algunos
para no pagar, preferían encaramarse por los techos de las casas
vecinas para vacilarse su vaquera de lo más orondo, ellos eran los
mismos que cuando la película no les gustaba hacian un juego de
piedras y por eso ese día se cerraba temprano. El cine tenía otra
dependencia donde vendían helados en unos frízer de querosén;
Barquillas y Polos que son los de paleta, los muchachos más
atrevidos solían pedir su helado y cuando se los ponían en el
mostrador; tomarlos y salir corriendo sin pagar. Ocurrió que aquella
vez, el Jabao y Pollinera que a veces le decían Polichinela porque
tenía una vocecita de muñeco, tramaron hacer esta jugada y
planearon que entrarían como si no se conocieran y pedirían cada
uno su helado, Pollinera que era el más veloz tomaría el helado y
correría, si algo fallaba el Veje diría que no lo conocía y
pagaría su helado con el único medio real con que contaban y
después lo compartirían, así fué, entraron y pollinera pidió
primero y cuando la chica puso el polo en el mostrador tiró el
zarpazo para tomar la congelada, melosa y rojita tentación con su
bolsita transparente como era su presentación, no contaba con que de
tanto robo, la muchacha que siempre se vestía como de primera
comunión, estaba pila y le sustrajo por debajo con gran velocidad
aquel objeto del delito, Pollinera que estaba en pleno intento del
hurto no pudo frenar su movimiento y pegó con gran ruido las manos
sobre el mostrador de aluminio, quedándose libido y con los ojos
largos, en aquel momento cumbre de tensión, dio cuatro pasos para
atrás de espalda, hasta el centro del recinto y en vez de correr, se
tapó la cara con las dos manos, y así estuvo barios segundos hasta
que reaccionó y partió raudo y veloz. Luego de aplicar el plan B,
el Vejé se le unió y después de reírse un rato entre lágrimas, juraron no
contarle a nadie aquel chasco rutilante. Que viene de Rutilio que
era uno de los políticos del pueblo.
En el estadio, cuando cantaban el himno nacional y los policías se
paraban firme, era la ocasión perfecta para subir, tomándo como
escalera los huecos de la pared del estadio y cruzar por un tubito
delgado que unía ésta con la tribuna, Así aprendieron a colearse
al partido de béisbol cuando iba a jugar Domingo Viñas con su
equipo de Quebrada de la niña, contra la Gente del Piojo del Equipo
de Yaguaraparo, dirigidos por el Ñeco Chamanes, que caminaba torcido
y era regañoncísimo. Un día El Vejé intentó en solitario la
tremendura; Se oyó el tronar de las botas de los policías, al
cuadrarse firmes, Arrancó el himno y el Vejé su escalada, todo iba
bien, primero subió la alta pared y comenzó a cruzar el famoso
tubito al cual había que pasar de un solo impulso, rápido y sin
mirar para abajo por que era un poco largo y muy fino, en eso se oyó
un silbido corto que provenía debajo de sus pies y al mirar
brevemente, el equilibrista perdió el control y se espeloncó sin
remedio, cayéndole en brazos al policía silbador, que no respetaba
al himno Nacional, y que seguidamente con toda saña y alevosía, le
ha clavado un tremendo cocotazo, que lo hizo hacerse pipi y muy
orgulloso de su captura, se dirigió a la salida por el pasillo,
entre la gente que iba entrando, con el pobre Vejé Trapoecocina,
templado por una oreja, hasta sacarlo por la puerta principal,
cuestión ésta, que no canceló aquel trance de desmoronamiento
moral del Jabao Pelo Malo Chinchamochina, por que justo allí donde
terminó el impulso del empujón que le propinó el animal ese con
uniforme cuyo mayor mérito era perseguir carajitos para que no se
montaran en la plaza con sus patines; Allí, estaba parado Don
Papón, su padre que al menos simuló no haber visto lo acontecido,
al preguntarle: _¿Qué haces poray? ¿Quieres entrar al estadio? Y
compró dos entradas y entraron juntos, de nuevo, los dos. Y esa es
la raíz de la eterna incógnita que el Vejé nunca pudo despejar y
que sustituyó para siempre al ser o no ser de Shakespeare: ¿Le
habrá visto, sí o no?
Respecto al policía, después cuando la
señora Martoco le entró a chaparro con una mata de Ñangaragato,
con motivo de que una vecina le quería quitar un pedazo de terreno, y él estaba parcializado con la enemiga, entonces el Vejé Jabao Quetiquieto y Tenteayá, se desquitó viéndolo
correr despavorido pidiendo cacao y diciendo que se la quitaran de
encima que esa señora estaba loca.
En la escuela, le sucedieron a los muchachones demasiadas cosa
importantes, por ejemplo el primer día de clase, le preguntaron los
nombres y Pollinera que siempre fue reservado, no respondió, la
maestra lo dejó quieto y pasó donde estaba Tostosto a preguntarle,
éste que era un tipo serio siguiendo el ejemplo de Pollinera agachó
su cabeza y el pelo le tapó los ojos, la maestra insistió un par de
veces más y fue entonces cuando Pollinera le dijo a su hermano a lo
zumuzumúcu, (confidencial) y con voz de pito: _No le digas tu nombre
Tostosto. Después se procedió a hacer una pequeña prueba oral para
evaluar como venían los alumnos y le preguntaron a Tostosto quiénes habían sido Mariño y Bermúdez los libertadores de Oriente
y este respondió con tono un poco altanero: _ ¡Yo no vine a
adivinar para acá! Pasaron al Vejé, también nombrado Chiche
Zaperoco, que estaba un poco chorreao de melao por que había tenido
un encuentro previo con cuatro Posicles bochincheros, (Helados
artesanales de vasitos que fueron precursores de los de gavera que
salían en cubito) y le preguntaron cuándo había nacido Simón
Bolívar y con gran donaire respondió: _Yo no estaba ahí, yo estaba
comiendo Corocorito y galucha sancochá con mis hermanitos. De hay en
adelante se desparramaron a destacarse en los estudios, todos,
hembras y barones con ciertas trabas alimenticias y de vestuarios, fue cuestión de análisis posterior, el hecho de que aquellos niños
nunca tuvieran deficiencia de peso para incluirlos en aquel comedor
de la escuela que los atormentaba con esos olores a pleno medio día,
en ese tiempo todavía no se conocía la palabra discriminación.
Nada que su talento y vocación no pudieran superar, excepto la vez
que al Vejé le fueron a dar un reconocimiento por buen estudiante y
no tenía ropa que llevar, puso el muchacho en compromiso a la madre
para que le fabricara un pantalón, procuróse ella una falda de
cuadro marrones y amarillos de una de sus hermanas y dióse a coser
con pedacitos de hilos que conseguía por ahí, total que le armó un
tremendo pantalón de retazos tipo Padrino con faja incorporada. No
se ha confirmado todavía si es por esto que este cuento lleva su
título o porque asimila anécdotas de varias vidas a la suya propia.
Vejé Cabeza de Perinola Saltimbanqui Faramallero y Mojiganga, partió
contento y feliz rumbo al agasajo académico. Tremenda fiesta, había
de todo, pasapalos, golosinas, papelillos, y una piñata de Taparo y
de ñapa estaba la hija de la directora, una flaca pelo liso negro
dividido en dos clinejas, con los cachetes coloraos como de Achote,
olorosa a jaboncillo trinitario, en ese tiempo estaba de moda el
Changué y Oscar de león era entonces más diablo por diablo que por
viejo, y sale el Vejé Firifirito Pan de a Puya Peoresnada buscando
pista para su cosquilloso esqueleto, trae de la mano a la hija de la
directora, la enlaza por la cintura y entonces la procura como
hormiguero al huesito, por que hay que ver lo bonito que ella mueve
la cintura, él da un giro descendiente_ dicen que nunca perdió la
mala costumbre_ y se va al suelo y precisamente cuando estaba
agachado y espatillado, firmando, ¡sonó el pantalón! ese fue el
sonido que acabó con la fiesta para el Vejé, el pantalón se abrió de cabo a
rabo, más de rabo que de cabo, con su peculiar sonido y viósele
todo lo que es todo, porque él desde ese entonces ya no usaba usaba
calzoncillo.
De allí escapó gracias a su sentido de ubicuidad, o
de Bilocalismo; podía estar en varias partes al mismo tiempo:
Apareció en el río, en una excursión con sus compañeros y su mejor
maestra que tenía de naturaleza una manito chiquita, apenas como
con tres dedos, pero ella poseía tanta gracia, que aquello formaba
parte de sus encantos, esa fue la misma maestra que el nueve de mayo
cuando el Vejé Librepensador y Corsario cumplió año, le regaló su
primera torta y una franela de poliéster azul, se supo de unos
zapatos, pero perece que quién los usó fue Tostosto. En fin que
estando en el río frente a una amplia poza entre verde y cristal,
rodeado de Juasjuas, llamadas también Bambú, lanzáronse todos con
gran entusiasmo a bañarse, excepto el Vejé que se echó felinamente
en la arena frente a la maestra que estaba en proceso de quitarse la
ropa y fue lentamente despojándose de sandalia, franela y pantalón
hasta quedarse en un traje de baño de cuerpo entero, amarillo con
vivos rojos, maravilla aquella, que el Vejé Buzo Fisgón Coge Picón,
no había visto jamás en su vida, después tendió una toalla en la
arena que decía “Isla de Margarita” y se acostó boca arriba
con una pierna estirada y la otra recogida, mirando hacia la poza
para vigilar a sus pupilos, en esa trayectoria visual estaba El Vejé,
embelesado y con los ojos tristes, como había aprendido de los
personajes de la película “El Pez que Fuma” con Miguel Ángel
Landa; Mirando a su primer amor, porque según él todos los amores
nuevos son primeros, la tersura de su piel morena clara brotada bajo
aquella tela plástica brillante, aquella luminosa capa de bellos
transparente en sus brazos y piernas (En ese tiempo todavía no
existía la mala costumbre de depilarse) y aquellos ojos amables y de
grandes pestañas que lo ignoraban por completo; Lo marearon y le
pusieron las carnes temblorosas por primera vez. Porque todo temblor
también es primerizo. En eso uno de sus amigos más cercano llamado Yuvi, empezó a llamarlo para jugar Tocaito, Aquello era un
problema imprevisto, porque además de cancelar aquel momento de
extasiada contemplación que estaba disfrutando en demasía y por
demás, lo obligaba a pararse, cuestión que con aquel pantaloncito
flexible, de esos baratones que vendía el Turco Díazja o la Turca
Anna, de quienes se decía que para alimentarse hacían una pirámide
de carne molida cruda en una bandeja y luego le habría un hueco en
el medio que llenaba de aceite castilla; seguramente pondría en
evidencia su instante de erotismo desbordado y el abultamiento
pasionario de su virilidad, ante la insistencia del fatal inoportuno que insistía
con alborozo; Ideó una treta para evadir el consabido trance: se
pararía rápido y con la misma se lanzaría al agua sin dar tiempo a
detallar la dolorosa y visible tensión de su cerebro auxiliar. Así procedió
pero el error estuvo en que se elevó demasiado en el salto y cuando
emergió del clavado oyó al panita cuando dijo: ¡Maestra, maestra,
el Vejé tiene el Piripicho parao!. Zambullóse de nuevo y en ese
momento deseó con todas las fuerzas de su atribulado corazón que el universo le concediera el privilegio de ser anfibio. Y desde ese instante
fue que se popularizó aquello de que “ Por más que te tongonees
siempre se te ve el bojote”.
Cuando construyeron el liceo, Ya Cheche López, el trovador del
Manglar, había compuesto la canción del Bagre Amarillo que dice más
o menos así:
“Allá en el golfo de Paria,
Hay un pez que es muy sencillo,
Y si usted no lo conoce,
Se llama el Bagre Amarillo.
Él es largo y con bigote
Su cuerpo es muy resbaloso,
Pero en Sancocho o Guisado
No hay pescado más sabroso.
Lo pescan con el anzuelo
Con Filete y con Arpón
Y el burro lo lleva en mara
Hasta nuestra población.
A todo el que nos visite
Para que siempre nos recuerde,
Que coma el Bagre Amarillo
Con bola de plátano verde
Porque resulta, que por allá hay muchos artistas, pintores,
músicos y poetas, galeronistas capaces de contar la historia de la
humanidad en una sola inspiración.
CAPITULO III
Este no es el inicio de un tercer capítulo, ni la continuación
de esta historia, es más bien un pequeño paréntesis para caer en
cuenta de la versión paralela inacabada y en proceso, que todo
relato padece, el cuento oculto, que se puede presentar como un
lapsus voluntario y parcial de la memoria,
y se origina con cualquier fuerte impacto que estremezca y alborote
irreversiblemente ideas y sentimientos en algún ser humano_ dirían,
simplistamente los psicólogos que es una defensa evasiva del que
sufre_ Pero, cuando sucede a un colectivo no es tal, es como en esos
momentos cuando la vida se paraliza, como si se activara switches
transportadores a mundos paralelos, o como cuando concluido un
camino, algunos tramos no recuerdas haberlos transitado, donde
filtrando burbujas de sueños, como puertas que al traspasar
desaparecen, nódulos, nudos de evasión y fuga que tragan y no
evacuan, o como la flor de la Maravilla que al nacer ya está
muriendo, tus pasos volvieranse inservibles, como si la cuencas
rezadas de un escapulario fuéranse perdiendo, como si la simiente de
la que brotas, al parirte tornárase infértil, cuando los personajes
percíbense detrás de un acrílico empañado con aliento que brota
de anhelantes rostros magullados contra la pared transparente, y sus
ojos velados de blanco ciego, anduvieran a tientas entre espesas
neblinas oscilantes que ocultan o esclarecen a capricho breves
momentos de lucidez. La percepción titilante de recuerdos
incompletos, como visiones que entre dormido y despierto te dejan
más dudas que certezas y todo se remite al reino de las sospechas.
Este trayecto de la narración es especialmente confuso, y es lógico
que así sea, es su naturaleza, solo penetrando esta maraña podrá
el lector asistir a las claves esclarecedoras de los secretos que
aquí se desvelarán para siempre, deberá asumir, quién hasta este
punto haya llegado, además de conciencia del peligro, una actitud
policíaca, de investigador, sin desdeñar ninguna hipótesis por
oculta o evidente que se sugiera. No podrá, so pena de
traspapelarse: bostezar, pestañar o interrumpir el impulso de la
lectura, y se recomienda en caso de necesidad, dar un repaso mental
del principio hacia atrás y por ningún motivo interrogarse en que
tipo de lio se ha metido voluntariamente y sin ninguna recompensa
tangible, evidente o contable.
Decíamos que lo confuso y vago de esta parte de la obra, es
obligante y obligada, porque fue por retazos que el Vejes pudo
componer esta crónica, retazos tomados de unos documentos escritos a
manos, con una tinta, que después, hecho ciertos estudios, se supo
que era sangre, y que encontró fortuitamente cuando perturbado por
ciertas manchas, sombras que de humedad y moho se habían formado en
una pared de su casa, decidió aclararlas rayando con una piedra sus
líneas de bordes. Pronto aquellas formas caprichosas fueron
perfilándose nítidas como piezas de un rompecabezas, tal como
sucedería a un negativo de fotos sometido a líquidos de revelado,
precisamente en un espacio oscuro y silencioso. Mediante este
procedimiento, casi logra asirse de una realidad, de una verdad única
e insoslayable, que hasta se proponía como espontánea casualidad de
la vida o trágico destino por imposición divina. Aquélla tarea de
hacer resaltar el mensaje oculto que contenía el muro detrás de sus
negruscos reflejos se prolongó en el tiempo y curiosamente cada vez
que dábase a esta tarea, creábase nuevas expectativas de alcanzar
finalmente el dominio de la razón de las cosas.
Vivió un tiempo
bajo esta premisa y creyendo firmemente en lo que allí se describía.
Más, sucedió, que próximo a concluir el estudio de aquel diseño
de existencia, la pared que era de concreto armado y como se dijo, de
una vieja y antigua caballeriza, derrumbóse, produciendo una gran
nube de polvo que al disiparse permitió ver a través del hueco, una
pequeña caja de madera cubierta de tela de araña. La que tomó con
prisa y bajo estado de excitación pensando que se trataría de algún
entierro de Morocotas. Adentro había una estampilla con una vieja
que sostenía una antorcha y un zamuro con pluma de gavilán y un
legajo de papeles manuscritos a cuyo contenido no se podía seguir un
hilo de lógica por que muchos párrafos se habían borrados con la
humedad.
He aquí los desarticulados trozos que pudieron ser rescatados de
aquellas mugrientas páginas escritas en un lenguaje anacrónico, sin
firma, ni fecha, ni sello. De tipo mixto o de identidad múltiple por
cuanto tenía forma de decreto, testamento, bula, repartición,
partida de nacimiento, manifiesto, ley, constitución y ordenanza:
“.... Que serán sometidos y programados para no recordar y toda
identidad les será ajena y serán bautizado con sangre, porque de
la sangre que de Cristo hemos bebido, vivirán los dioses de la
tierra..........”
“Porque la historia no será la historia y la verdad será una
sola, intima y placentera, solo disfrutable en cubículos
individuales, con forma de cúpulas de cristales y en espacios
artificiales, siderales, asépticos y purificados y solo aquellos
capaces de matar sus sentimientos y renegar de su condición serán
considerados.....”
“... Cópiese como no desclasificados los siguiente sinónimos y
solo para ser usados por personas de ojos grandes que esta es una
tipología de los asesinos en serie; Descuartizado apaleado,
empalado, apuñaleado, sometido, alienado, electrificado, asfixiado,
esposado, evacuado, refugiado, ahogado, execrado, capado, quebrado,
fugitivo e ignorado. De igual modo désele amplia difusión y
diversos significados a la palabra tortura, para que sea amable su
connotación, suguiérese como ejemplo; “Anhelo la tortura de tu
amor”
“…Complete usted los demás ismos que considere útiles a la
preservación de nuestros privilegios: individualismo, sectarismo,
segregacionismo, consumismo, sexualismo, desarraiguismo, el miedismo,
violentismo, caradurismo, coñoemadrismo, raterismo...”
“…Mátese sin pena ni castigo así en la tierra como en el cielo
y los mares y miéntase hasta sobre la mentira, que solo del que
engaña serán las riquezas de la tierra y la gloria de los platillos
voladores”
“…Es imperativo; de imperar, un decreto de
utilidad pública mundial de la llamada soberanía de las naciones,
que unifique los criterios culturales y naturales, artificiales y
banales para la construcción de la llamada felicidad vegetativa”
“…Simplifíquese la realidad a simples, mínimas síntesis
microscópicas, con la reiteralidad de la superficialidad para que
tenga el valor del no-pensamiento y pueda dársele su santo lugar
preponderante a la básica e instintiva carnalidad inconsciente”
“…Enajénensele todo bien, toda propiedad, toda bienhechuría, porque de esta practica es como se han sostenido los continentes
otrora decadentes y han engordado los bienvivientes que solo así
podrán tener arrestos para impartir justicia entre sus iguales y
agrupar en escala de estatus, clase y jerarquías a los que les han
delegados sus derechos y abandonado algún sentido de
protagonismo...”
“…Serán las sombras, lo oscuro, lo oculto, lo soterrado, los
espacios por donde transitaran conocimientos privativos de aquellos
que accedan, mediante pactos con el diablo, a circuitos cerrados
ocultos de comunicación, que otorgarán, poderes, cuya precariedad
será compensada con represión”
“…Esto que a gran escala forma parte de un plan general de
control y vigilancia diseñado por un dios omnipresente y malvado,
cuyo nombre es el femenino de dolor, será traspolado a lo mínimo de
las relaciones interpersonales de los seres que logren sobrevivir a
la vida, que será por los siempre jamás, un tipo de bienestar
masoquista, una felicidad dolorosa.”
“…Este escrito, deberá mantenerse en el más absoluto secreto,
pero no podrá ser destruido, porque se perdería la génesis de
nuestra identidad y mermaría la debida corresponsabilidad para con
los colaboracionistas que desde adentro han permitido abordar nuestra
predestinación de entes superiores, y cuya ayuda a sido valiosa en
gran proporción, puesto que sin ellos, inútiles hubieran sido los
intentos por sofocar los reiterados conatos de rebelión. Más bien
se diseñarán estrategias para viabilizar y ampliar sus contenidos,
que podría igual comprenderse por su contraseña de: Mantener
lustrado el antifaz de la lepra”
“…Póngase sumo interés en patentizar y nombrar de nuevo todo lo
que de hermoso tenga esta forma de vida, que esto alejará el riesgo
de que algún día se sepa que fue expropiado a civilizaciones que
por ser más avanzadas, nos llenaban de vergüenza y fue imperativo
destruir”
“…Sépase que tener acceso de forma parcial o total a este
documento, tornará en aquel, inocencia en culpabilidad y candor en
lujuria, pudiendo incluso cuestionar lo aquí dicho, lo que será
para él, prueba de que ha sido ascendido, meritocracia mediante, al
mundo de los malos, con el titulo Demonio tipo A1, que para efecto de
esta visión, vendría a ser un ángel inmaculado”
Así fue como el Vejé Cherlos Chaplin Cantinflérico, dedujo
por sí mismo, lo que nadie le había querido decir, o por que no lo
sabían o por que exprofesamente lo ocultaban: Que aquel era un mundo
de mentiras. Los que no lo sabían era porque lo habían olvidado,
desde que habiendo participado en la primera libertad donde fueron
traicionados y relegados al limbo o porque habiendo chapoteado en
tanta sangre, de ella hastiados se encontraban, y se dedicaron a vivir
en paz y con una alegría que fue confundida con ingenuidad. Los que
lo negaban habían participado del complot, y sonreían enigmáticos
cuando alguien miraba buscando respuestas en sus carapachos
espectrales.
Esta experiencia fue la que hizo que la lectura que había obtenido
del chapapote de la pared, se trastocara por completo, y empezó a
recelar de su veracidad, porque ¿Cómo era posible que todo un
pueblo pudiera convertirse en plañideras ánimas ambulantes? Con
andrajosos ropajes de luto, que andaban sin rumbo y a tumbos por
entre el marasmos y vapores de volcán que surgían de las calles de
pronto teñidas violáceas, o que todos pudieran confabularse para
culpar a alguien por un crímen de un inocente, que tenía autor conocido, por el
solo hecho de pedir justicia para un hermano que fue vuelto loco a
raíz de una paliza que le dieron mientras tocaba un violín en una
parranda que fue planteada como exótica velada musical entre las
aguas de una quebrada montuna.
Que los duendes, que no son nomos sino
fetos vulnerados, se apoderaran de toda una población y las personas
tuvieran que salir a espantarlos por entre las haciendas con
escopetas cargadas con pólvora y sal.
Que ya en brazos de la muerte
un yerno hubiera confesado que fue el culpable en el caso de la
mujer ultrajada para que no se llevaran a da hija, su
pretendida. Que ésta, aún sabiéndolo se puso a vivir con él, para mas
tarde pedir perdón a su padre cuando éste regresó de la cárcel
que injustamente había padecida, herniado de torturas y cuando ya no le quedaban fuerzas
para sobrevivir tal ingratitud...
O que todas las mujeres del poblado
fueran obligadas a casarse con quienes ni conocian y menos querían,
en una noche de violencia, licor y llanto, por el solo hecho de que
alguien levantó una calumnia de honra y prestigio.
Cómo también el caso de una máscara desfigurada en una discusión de camino, por dudas de a quien le tocaba pasar, cobrada como nueva luego de cicatrizada y desaparecida la herida.
O también la incierta memoria extrapolada de una tragedia griega contentiva de esta trilogía: "Por orinar sobre la tumba de un contrario" "Una copa de plomo" y "Unos despojos tras barrotes herrumbrosos"
Todo esto se
descifraba en los lamparazos del friso y seguía contando más, como
de la fuga colectiva, emigración forzada, por la que fue refundada
la aldea, que pasó de un solo golpe a convertirse en ciudad, cuando
llegaron los piratas que insultaban y agredían y fue escarmentado su jefe
en un arrebato de dignidad, pero que después hubo que abandonar la
ciudadanía por temor a la venganza o al claustro. Sin contar los
íngrimos lamentos, voces y risas, ruidos, y gemidos de niños y
animales nocturnos que conformaban la única verdad permanente que
quedó cuando a todos, al final, se les extravió el pensamiento y
confundió la mente.
De allí en adelante y para siempre fue dominado por la duda y
decidió enviar el resumen que pudo rescatar de esto y de aquello, a
todos sus conocidos, en este mismo papel se especificaba que la
persona que lo recibiera tenía que reproducirlo cincuenta veces y
reenviar a igual cantidad de destinatarios, que fue la fuente de lo
que después se llamó cadena de oraciones. También se sugirió una
fecha para hacer una reunión donde se discutiría su contenido.
Cuando por fin se dio el encuentro y pidió a sus paisanos que
expresaran las distintas interpretaciones que de tal caso hubieran
extraído; todos, absolutamente todos, coincidieron unánimemente que
nada había ocurrido espontáneamente, que sí; que habían sido
invadidos, por una civilización feroz, pero muy básica y
predecible.
Ni se asustaron, entraron en ira o pusieron tristes, nada por el
estilo, lo que hicieron fue lanzar unas carcajadas estentóreas con
amplios registros de decibeles, que fue la primera risa sobre lo
trágico, que se conozca en el mundo y que dio origen a esta larga
tradición característica de la idiosincrasia venezolana, de mofarse
de lo terrible.
CAPITULO IV
Después del río, la vida aparentemente siguió
chorreando sin mucha trascendencia, era insospechable la elevada
gloria que la fuerza de la voluntad les depararía al Vejé y a todo
los personajes que rozaban o se integraban a su vida, porque según
él, la vida de un hombre, es la vida de todos los hombres.
Concluyó de manera feliz aquella primera etapa de su origen
campesino, nucleado en torno a la familia, luego la vida pueblerina
le deparó su encuentro con la sociedad provinciana y después cuando
el pueblo se convirtió en ciudad fue consciente que todo aquello era
parte de sí, de forma integral y que en él, estarían presente para
siempre de manera recurrente todos aquellos lugares o niveles
espaciales como gustaba llamarles. Por eso cuando le sucedió aquello
del encuentro con el secreto en la cajita de madera, supo que él era
un compuesto de muchas gentes, muchos lugares, muchos tiempos.
Cuando se hicieron adultos y con ocasión de la reunión de doble
propósito_ discutir el documento y reconciliar por la pelea_ Ocurrió
la diáspora: Pollinera se fue al extranjero, donde se convirtió en
chulo y gigoló, según él, dizque para vengarse del establishment,
después cuando vino de visita dijo que ya no se llamaría más
Pollinera y que ahora por favor le dijeran Chamín, y que si querían
estaba dispuesto a ser el espía infiltrado en el corazón del
Galimatías, porque él pensaba que de esta manera podría aportar
una visión integral para orientar la lucha.
Tostosto que era más radical, propuso la lucha armada, que con los
conocimientos que se tenían de la selva, la victoria estaba
asegurada, él fue quién inventó el termino de Guerra asimétrica,
y argumentó que aquella era una lucha de clases irreconciliable e
histórica sostenida sobre doctrinas dogmáticas y que su propuesta
para el hombre nuevo tendría que surgir desde la pureza, por eso era
que había que acabar con todo para empezar de nuevo. No todos
estuvieron de acuerdo y por eso fue que marchó a la montaña, con
un grupo de guerreros entre los que estaban el Tío Demetrio,
Guichito el Enano, Partó, Chovea, El viejo Pintor y
Rolando, y el negrito Pitiguey. Se fueron plenamente convencidos que tendrían patria o
morirían y cuando se marcharon se despidieron diciendo “Hasta la
victoria siempre compañeros”
El Vejé Jabao Tico Catire Pelo Malo Amarillo Chicharrón Barriga de
Leche Come Tierra Afro loco Trapoecosina Chinchamochina Quetiquieto y
Tenteayá Chiche Zaperoco Cabeza de Perinola Saltimbanqui Faramallero
y Mojiganga Firifirito Pan de a Puya Peoresnada Libre Pensador y
Corsario Buzo Fisgón Coge Picón Cherlos Chaplin Cantinflérico y
Virgen del Valle, como aquí se le ha llamado; Logró casarse con la
hija de la directora del colegio donde se le había roto el pantalón
de juguetico que su mamá con tanto cariño le había elaborado. Se
sospecha que lo que había dejado ver la desbastada costura, fue por lo
que el Vejé Hombre Múltiple, había conseguido semejante éxito en
su vida personal, al conquistar a la mujer más bella del lugar,
cuestión que corroboró tiempo después cuando se leyó a un tal
Froy, Freud o Froilan. Esta mujer estaba en
una situación ideológica opuesta a Pollinera, a Tostosto, incluso
a su propio marido y se reconocía así misma como neutral y se
reservaba para cuando hiciera falta alguna persona imparcial que
pudiera promover desprejuiciadamente el diálogo entre las partes.
El
Vejé tenia un planteamiento distinto y así lo había hecho saber,
él partía del principio que todo extremo es perjudicial, que la
cosa no era borrar todo para imponerse sobre cenizas, sino abrir
nuevos espacios alternativos, aprovechar lo bueno del enemigo y lo
negativo llevarlo a un punto de confrontación gradual, porque según
comentaba la solución estaba en seducir y no imponer, en convencer
mediante argumentos inteligentes y razonables, proponía crear un
contrapeso ideológico intermedio, porque la justicia no es venganza
y la felicidad de uno es el bienestar de todos y que había espacio
para competir de idea a idea, de propuesta a propuesta, que
observaran en el otro todo lo que no se debería repetir, que la
primera batalla debía ser contra el odio y la deshumanización, pues
no era cosa de sofocar al diferente con violencia y que su plan se
llamaría “Nombre Nuevo”. Fue criticado por reformista y de alli
en adelante lo tildarón “Come Flor”.
El primer informe que les llegó de Chamín, antiguamente Pollinera,
desde la gran metrópolis en el extranjero, fue atendido con mucho
interés, habían acordado que cada vez usaría una vía de
comunicación diferente, por eso alternativamente los medios fueron
los siguientes; correo electrónico por Internet, mensaje de texto,
llamadas telefónicas, fax, clave Morse, Método Braille, valija
diplomática, animales y frutas rellenos, casas
de cambio, en container por la aduana con polizontes, encomiendas,
propaganda de televisión, señal privada de radio, redes sociales, avisos
clasificados, o con soborno de los gendarmes, incluso una vez mandó
encubierto por radio de onda corta un mensaje que comenzaba:
“Cumplimos con el penoso deber de participar....” Allí se
especificaba los pormenores de la estrategia de los oponentes, se
hablaba que la principal acción que se proponían era la de
dividirlos, creando diatribas artificiales, diferencias absurdas,
luchas matricidas por el liderazgo, recomendó, que estuvieran
alertas, porque lo más insospechado sería intentado para
aniquilarlos. Que su punto débil era la prepotencia, pero que
también nosotros estabamos infiltrados, que era fácil reconocer a los
“Topos” por que eran en exceso extremistas y veían en los otros
sus propios defectos, también comentó que estaban dominados por la
jactancia y la arrogancia, que en algunos casos eran gentes
frustradas dominados por su propia incapacidad, que no se
atoraran en resolverlo porque como aquello era inédito el sistema se
auto decantaría, que sin embargo había que decirles las cosas en su
cara, que se cuidaran de la adulancia y los traficantes de
intrigas.
Dijo igual, que la principal arma de los rivales era la
industria cultural y que cualquier contraataque bebía empezar por
aquello mismo, revertir la flojera para pensar y afincarse en los
valores que esto era el mejor muro de contención, que se dieran
cuenta que la ventaja estaba en que a aquellos además de su
incapacidad de aceptar culpas y errores, la soberbia les impedía
mirarlos y reconocerlos, los ignoraban y sin embargo, por el
contrario, ellos dominaban hasta el más mínimo detalle de su
conducta. Que la principal cura debía ser moral.
En el segundo informe,
como en los otros que todavía
siguen llegando, se empezó a notar como que si se hubiese movido
para un tono más poético o a un romanticismo de pleno abandono a
los abismos del existencialismo, como que si la madurez le hubiese
aportado un dejo de nostalgia irreparable o presintiera la inminencia
de su deceso, como efectivamente después se supo, de lo cual se
especuló que había sido como mártir en un acto terrorista, pero
luego por cierta nota que enviaron los que tomaron su puesto, se
consideró que había muerto como siempre soñó; haciendo el amor.
Aunque lo que se difundió fue un escueto “Muerto en combate”.
Contó que vivía en un penthouse de un rascacielos gemelo de cien pisos, desde donde dominaba la metrópolis íntegramente, dijo que lo
compartía con su amante, una dama de la aristocracia que no amaba
pero que se sentía preso de la comodidad, expreso que cuando miraba
hacia abajo las hebras iluminadas de los viaductos, y las
cuadrículas que definían el laberinto urbano, se daba cuenta que la
ciudad estaba compuesta por estratos sociales de distintos índole e
interés perfectamente separados por colores credos y religión, que
los que tenían mayor poder eran las que administraban la violencia
y el dinero, entre estos estaban las corporaciones, los políticos,
los comerciantes, los religiosos y los mafiosos, y que a veces estas
castas se entremezclaban entre sí, que estos grupos eran fácil de
detectar porque vivían en lugares exclusivos y gustaban de la
ostentación, aunque los jefes erdadetos nunca parecían en el radar , y que después venían otros tejidos que se iban
debilitando según su nivel de desarticulación, distribuidos
desde casas modestas a insalubres cuchitriles marginales y espacios
solo habitables para insectos, bajo puentes o en cañerías de aguas
negras y fecales, pero que igual había una descomposición general y
envolvente tal, que se habían perdido todo remordimiento, que no
había dolor por lo humano y todo era desprecio y bacanal, que lo
inocente era comercio para aberrados.
Decía que la gente se pasaba
por el lado y no se saludaba, que se negaba el agua y que había una
arquitectura de prisión y existía la pena de muerte no decretada, y la
refundación del mundo se pretendía mediante la generalización del
caos.
Que lo trivial se tenía por importante y lo importante por
pesado y obsoleto. Que solo los que robaban el tiempo a los demás
tenían tiempo para hacer lo que querían, por que el resto debía
dedicarse a sobrevivir. Que no por más nada, sino porque los hijos
se criaban sin padre y sin madre, se había concluido que fue una
muerte fingida la de Sodoma y Gomorra.
Que por lo mismo cualquier
proyección a futuro terminaba en cataclismo. Así siguió Chamín
expresando que las costumbres se modificaban vertiginosamente al
ritmo de la creación de falsas necesidades y todo era una carrera en
pos del placer y el lujo que producían adicción. Por eso planteaba
que para romper aquello había que quebrar el modelo ideológico
imperante. Después mandó otro informe un poco como arrepentido de
tanto pesimismo, diciendo que todo no era desperdicio, Sobre la mujer,
por ejemplo, habló maravillas, que si antes había que romper tela
para ver carnes ahora había que apartar carnes para ver telas y por
ahí se fue hablando de los avances tecnológicos en comunicaciones y
transporte, las leyes estaban buenas pero había que darles cuerpo,
habló de fiestas masivas con licores y vinos, gustaciones muy
potentes y danzas, también del arte, alimentos y demás progresos
civiles no aborrecibles.
En la Montaña había comenzado la guerra, Tostosto con su gente le
daban medio palo a sus oponentes, le metían la cachapa entre el
mapire y cuando de algún jamaqueo salían victoriosos les gritaban:
“Agarren ese poquito para que guarden” Mucho bagaje guerrillero
pulsábales las arterias desde "El Peluo" hasta aquí; Guaicaipuró y sus montunos, Miguelote,
Chirinos y su negritud cimarrona, Miranda el legionario, Simón y su
pléyade, Gual y España, Zamora, los Grammaleros, el Che y el viejo
Min. ¡Mucho camisón para Petra! Elaboraban huecos disimulados en
los que sus enemigos caían ensartados como sapos, cuando la
recepción no era dada con serpientes Cueimas Gallos asesinas
entrenadas, construían trampas con árboles flexibles que solían
sacudir a muchos metros de altura a cualquier engreído mariguanero
de cuya insolente planta ya alertaba uno que murió pero que tampoco
se rindió nunca.
Parapeteaban diques en las cumbres de las cataratas
que al mover una espina de su enjambre, soltábase furiosa una
avalancha de piedra, barro y agua que desaparecía entre la neblina
de los farallones a los necios que no les alcanzaba la naftalina para
quemar los cerros infinitos que se reproducían unos tras otros.
O
pringaban con lanzas, flechas o cerbatanas fletadas con curare y
barbasco cuyo efecto inmediato era el silencio final o le salían
dentro de los troncos envuelto en tierra de árbol podrido con
peluquines de Barba de Palo y vestuarios de Caña la India echando
golpes a diestra y siniestra o le hacían la fuga del pájaro del
Guácharo que se mete en Caripe y aparece en Brasil o le preparaban
cobijas de Guaritoto o le guardaban un nido de avispa africana que es
el animal que pone el huevo más grande.
O hacían consumir los ríos
a sus rutas subterráneas o viraban los puntos cardinales o alargaban
las noches para oírlos berrear enajenados de terror con los garretes
chorreados.
Y no es nada, que de todas partes del
planeta bajaban los poetas, los humildes y los justos para poner sus
pechos como escudo de la redención. Y entonces cuando de noche la
montaña se iluminaba como arbolito de navidad con las luces
intermitente de los disparos, de la tierra emergían los muertos de
su conciencia para tomar venganza por los siglos de brutalidad e
ignominia. El slogan resumen y compendio de su forma de pensar era:
¡Primero muertos que pusilánimes!
En la aldea pueblo ciudad, reducto del Vejé y sus acólitos; el
cura del tatuaje, Carlito que les hurtaba y les revendía sus propios juguetes,Yuvi el del río con la maestra, el inglesito Pólvora y
Poncio los que fueron presos en la pelea, Tío Demetrio el de la
burra y don Papón y la señora Martoca que eran sus padres y se
incorporaron cuando se les cantó la canción de Alí “Madre déjame
luchar". La cosa no iba mejor, por eso cuando obtuvieron la
primera victoria política, después de pintas ultrosas por las
paredes, robos de bancos, molotov con explosiones piñatas de
panfletos, reuniones clandestinas a madrugadas repetidas, saboteos de
algunos oleoductos y entrenamiento a rapel, bomyi y parapente de
sobre edificios cancerosos y puentes levadizos; Lo invitaron a
celebrar, él dijo que no había motivos para agasajos, primero
porque apenas la victoria consistía en despertar, descubrir
el chanchullo, y que a pesar que podría
ser trascendente, había que mantener el logro, que sino aquello
sería un sofisma, similar a decir “Gradúate para que no te
friegues” o la patraña de las telenovelas cuyo final feliz es el
matrimonio, cuando en realidad después de esto es que viene lo
fuerte a menos que no quieras explorar tu potencial o conocer la cara
seria del noviazgo.
Agregó también que era una falta de respeto
campanear un wisky delante gente que posiblemente no tenía para
comer y que aquel que quisiera seguirlo tenia que borrar para siempre
de su banco de datos la palabra flojera, la palabra feo, la palabra
chusma y otras que a razón del tiempo no se acuerda el narrador, pero
que son descontables de conceptos como democracia, justicia e
igualdad. Esmeróse el susodicho a trabajar por su pueblo y a
rechazar todo tipo de privilegio de tal modo que no hubo rincón por
apartado y triste que no lo anduviera de cuerpo presente o por
intermedio de sus muchos iguales para resolver entre todos las muchas
dificultades, fue cuando alguien le dijo que si acababan con todos
los problemas después no iban a tener a que dedicarse, y entonces el
respondió que después habría que
atender el desarrollo, y siguió repartiendo saberes y
responsabilidades clandestinamente, y cortó con aquello de que la
información es poder, porque según refutaba que el poder es poder
en tanto esté distribuido entre muchos y contemple una amplia
vanguardia, con respeto por la gente, con amor por la vida con
justicia por el hombre hasta que todos fueron como él y él fue como
todos y entonces cuando hubieron construido algo que no era la
felicidad pero podría llamarse así, porque el mundo esta hecho de
palabras y la palabra es vida y lo que se nombra es; Extendió una
invitación a Tostosto para que depusiera las armas, a sus hermanas
que se habían cuadrado con su esposa y habían formado un emprendimiento de participación social bautizada “Las Ecuánimes” E
inclusive a los enemigos que quedaban entre los cuales se encontraban
La loca de Chon Gonzáles la que le había espantado su iniciación
sexual en el campo con la primita y Vicente Volvos el del cine que
nunca les perdonó que le hubieran alargado tanto su perifolla de
respirar. Domingo Viña el rival deportivo y Rutilio el político sufijo de rutilante. Refrendado aquel pacto de convivencia, comulgaron en
que de alguna manera, los objetivos eran los mismos y que con un poco
de inteligencia y tolerancia vencerían, Esta certeza la obtuvieron
desde que empezaron a ver el resultado de su esfuerzos constantes, su
voluntad e inspiración, pero muy especialmente desde que ascendieron
a una sabiduría mistica de los Antepasados, Espiritus, las Ánimas,
el Planeta y el Cosmo, de donde provenía la profesia que hablaba de
uno entre los pequeños que surgiría para reordenar el sistema para
la felicidad de los seres humanos.
Fue para transcribir este sueño
que a su vez es un trozo de un sueño mayor que encaja en otros miles de
sueños de todos los delirantes que aspiran trascender su realidad; que empezaron a buscar un hombre simple, común y corriente,
vulgar y silvestre que recogiera su historia para preservar su legado
y la escribiera con las palabras que hablan los hombres sencillos por
los pueblos debajo de los árboles haciendo figuras con un palito en
la arena o los campesinos sacándole punta a una puya con una pala de
machete o un ciudadano de una estación a otra en el metro.
O quizás
como se lo cuenta así mismo aquel que sorprendido en una solitaria y
distraída risa, le comentan de sopetón “ El que se ríe solo de
su picardía se acuerda” Debo aclarar que pusieron unas mínimas
condiciones que no estoy cierto de haber satisfecho: Que no me ciñera
a ningún estilo literario, cosa que agradecí porque soy lego en
estilos, órdenes y demás artificios artístico de las letras, sé
hablar y eso por necesidad y tradición, y que escribiera como
quisiera o pudiera, de adelante para atrás, de lado y costado por
que esto no era para estetas sino para poetas y pueblo llano y que me
quedara como el que le ve el fundillo a su abuela si empezaban a
hablar necedades. Que tratara de incorporar el léxico propio del
pueblo oriental por aquello de lo pluriétnico y multicultural o al
revés y que fuera directo a lo que les interesaba que se supiera del
contenido que para frivolidades están otros mejor educados,
entrenados y pagados, dijeron malas palabras, que como todas en este
escrito contenidas, fueron a solicitud expresa de los protagonistas;
“Que la mayor grosería la dice esta sociedad” y “Digan lo que
digan yo también diré” Entonces fue que me mudé a sus cuerpos y
a sus almas buscando pedacitos para componer esto que tiene como
plano a Venezuela con un enfoque desde la orilla por donde le sale
el Sol y quien quita que desde allí también haya sido fundado el
universo que se juega con casitas de arcilla y hombrecitos de maíz.
Fin
Oreste Anduja 2003
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