Nomis, la Hormiga_Cuento.

 Nomis, la Hormiga_Cuento
Gregorio Anduja 09/05/1996
I
Su madre al morir le había dicho: _Con grandes sacrificios, combates y batallas contra los hormigueros vecinos, ratones, sapos y culebras, hemos edificado esta cueva.
Inmensas calamidades naturales no han sido impedimento para construir nuestro mundo de libertad, honradez y trabajo, pero los peligros continúan, el libertinaje y la holgazanería amenazan nuestra paz, relajan las buenas costumbres y arruinan nuestra despensa, la educación, la cultura y la ciencia son nuestra única esperanza.
Te pido que cuides la herencia de la familia. Y murió.

Nomis era una hormiga roja que vivía con sus hermanas en una cuevita de poca profundidad en un terreno que había sido un predio rural con buen clima y abundantes árboles, pero que ahora era el patio de una vieja Quinta donde había un gran basurero.

Un padrastro mentiroso y cobarde y unas tías  solteronas habían quedado a cargo de ellas y les hacían muchas maldades.

No las dejaban  jugar con los Bachacos, porque las castigaban, haciéndolas sacar tierra negras de los terrenos pedregosos, para hacerles espacio a sus amigotas las Yolofas y los Mordijullos, sus parientes corpulentos.

Cuando se distraían cantando, contando, escribiendo o estudiando matemáticas las encerraban en un cuarto oscuro y no les daban comida.

Vivían como esclavas.

Un día que las tía regresaron tarde y embriagadas de una fiesta, las mandaron de malas maneras a buscar residuos de comida enlatada, que era su preferida.

Cuando se asomaron al borde de la cueva, miraron temerosas la oscuridad, donde sospechaban insectos gigantes, Osos Hormigueros y bestias de dos o cuatro patas.

Pero era peor regresar sin nada en las tenacitas, muy juntitas y en fila india, Nomis adelante, se adentraron a través de la grama, bordearon un pozo que se había formado por el agua que salía de una manguera, la misma que luego les sirvió de puente colgante para avanzar hasta el fregadero

Donde se percataron que la sirvienta humana de la casa, ya había limpiado inoportunamente. Bajaron por un palo  que se hallaba reclinado allí, incluso debieron atravesar las sucias y tupidas cerdas  de la escoba en que terminaba, para alcanzar el resbaladizo piso de baldosas, donde por mala suerte dormía “Atilas”; el perro de la casa, lo malo era que ellas tenían viejas rencillas con las Pulgas por aquello de “Chupa Sangre”

Memorable fue aquella riña; dientes , puños, patadas, culazos, cabezazos, la ventaja numérica de las hormigas era insuficiente antes las capacidades de  agilidad y brinco de sus rivales. Allí les hubiese amanecido peleando sino es que el perro se levanta a ladrar, cuestión que aprovecharon las Pulgas como excusa para huir decorosamente.

Un poco má animadas por aquella victoria, pasaron por debajo de la puerta, atravezaron la sala, hasta la mesa del comedor a la cual accedieron por unas de sus patas, pero allí no había ni un grano de arroz, porque el gato se les había adelantado. Para colmo el humanito que se había levantado a hacer pipi, al descubrirlas les roció con espray, del cual escaparon por que era solo matacucarachas.

De allí, subieron por la pared, entraron a una rendija que comunicaba con el techo, tomaron la orilla de la platabanda y  se encaminaron por un cable que les llevó directo a la nevera, pero no había nada. Siguieron bajando hasta un jarrón de flores plásticas.

A ese nivel las baquianas exploradoras que siempre se adelantaban para inspeccionar el terreno, regresaban con la noticias de un gabinete  abierto muy prometedor, al llegar, solo encontraron pastilla, frascos de medicinas y una cestica con útiles de tejer, ante esto, tomaron un hilo que descendía hasta la papelera!!!

Subieron a ella por una tira de papel periódico donde se leía: “Inventan Tiza para matar  hormigas” lo que las estremeció y erizó la cáscara de su piel. al entrar solo hallaron un papel de aluminio marca TE KITO TOTO  Made in USA..

Ya aterrorizadas por tanto infortunio y con la pendencia del castigo de sus verdugas, se dirigieron en perfecta columna, por un ángulo entre la pared y el piso, hasta la cama del Humanito que solía  divertirse pisando  bichitos con unos zapatos muy ruidosos y con luces, ascendieron por la cobija que rozaba el piso, sigilosas alcalzaron el colchón y  debajo de la almohada: Un caramelo!
Al marcharse,  dejaron una retaguardia de las más veloces para que le agradecieran al carajito con unos cuantos picotazos.

Desandaron todo el camino hasta el patio trasero de la Quinta, donde alarmadas se percataron que había empezado a llover. Titiritando, llenas de barros, pero satisfechas  y hasta con cierta alegría, por su aventura,  entraron a la cueva.

_ Porqué! ¿Porque traen solo un pedacito del Caramelo?...Glotonas!

Y sin compasión las enviaron de nuevo a la noche, en medio de las risas del padrastro, que con la boca llena de dulce y entre carcajadas, se veía gigante y grotesco reflejado en la pared de la cueva.

Entre  ellas y con la ayuda desinteresada de las abejas, y no tanto, de las Yolofas y Mordijullos, arrastraron la manguera, hasta la puerta de la cueva y se alejaron.

II
Pero seguía lloviendo muy fuerte, aquello se había convertido en una  tormenta y ellas también fueron arrastradas por la corriente, en medio de la desesperación vieron una hoja de Auyama y nadaron hasta ella.

No sabían cuanto tiempo llevaban a la deriva a través de cañerías y cunetas, terribles remolinos, chapoteos de personas y llantas de vehículos que creaban una verdadera turbulencia que casi las hacían naufragar, el cielo negro y el  rugir de los truenos y relámpagos les hacían sentirse impotentes e infinitamente diminutas e indefensas. Cayó, por la fuerte brisa, un aviso publicitario  que decía VOTA y contenía un señor bien trajeado  y maquillado, guiñando un ojo y el pulgar arriba.

Esto hizo que se inundara la embarcación vegetal y se abrazaron resignadas para esperar el final, menos Nomis, que empezó a achicar con todas sus fuerzas. Al ver esto, sus hermanas avergonzadas, empezaron a hacer lo mismo y asi estuvieron hasta que apareció la luna y con ella  el cuerpo inerte de un naufrago que apenas se distinguía porque se trataba de un Hormigo negro, que era arrastrado por la fuerte corriente. Nomis sin pensarlo se lanza al nado y tomándolo por una de sus antenas  intenta regresar a la hoja balsa, pero sus fuerzas son insuficientes y es allí donde decide morir peleando y cerrando los ojos comienza a zapaletear con todas sus seis patitas y es cuando siente alguien que la toma por una de ellas y observa que sus compañeras también se han lanzado al agua formándo una cadena y han venido en su auxilio, pero la punta, que ha quedado en  la hoja,  no puede sostenerla a todas y se suelta, quedando  entonces, todo el grupo a la deriva.

Son todas contra la corriente, entonces ven una concha de huevo de gallina criolla, que avanza hacia ellas y las hace renovar las esperanzas. Subieron con mucha dificultad y allí apiladas, en aquella nueva embarcación, por fin pudieron dormir.

_Despierta, despierta. Oía a lo lejos que le susurraba un voz masculina, era el Hormigo Negro. _ Mira a la orilla, allí está el resto de tu familia y varias Termitas blancas que no conozco.

Atracaron a la costa de aquel lago, que a los ojos humanos no sería mas que el agua que cabe dentro de un plato de sopa. Luego de los abrazos, las lágrimas y que Nomis contara sus peripecias, pregunta a aquellos sobrevivientes, cómo pudieron salvarse también.
_ Providencialmente pasaba un Morrocoy. Les respondieron.

El Hormigo rescatado por Nomis resultó ser el líder de una antigua tribu llamada Himenópteros, que es la base genética de toda la colonia, con el tiempo se cruzaron entre todas y formaron un país de donde surgieron generaciones  mestizas que eran más bravas que las Hormigas Bravas.
                                                             FIN.

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