La Mar Picada_ Cuento
Escrito por Gregorio Anduja. Febrero 2020
Mire! Para donde va
usted poray que la veo tan safrisca guardando ese protector solar. Dijo la
Negra Carmen Elina.
_Voy para la playa
mamá, con las muchachas en el bote de Dani.
_Mire mija que hoy es
Viernes Santo y no es día de andar inventando.
_Ay mamá, usted
creyendo en esas cosas...
Llegaron hasta Bobure,
un sector donde todas las casas tienen un muelle artesanal en el fondo, allí,
se encontraron con el joven y apuesto capitán de la aventura, al azar novio de
la mayor de las amigas y un par de hermanos de éste. Se embarcaron y enrumbaron
por entre los Morros de Volcadero, con idea de comprar cazabe en La Pajita,
otra aldea de pescadores que queda costeando el cerro.
_ Pasen con cuidado que
ahí vive mi hermano Luís. Justamente cuando entraron a la bahía, lo vieron que
fajinaba sobre su bote “El Por Fin”
_Escóndete!!! le dijeron
las amigas entre risas. Pero Luis, hombre de Vista larga, acostumbrado a saber
de qué pescado es el cardumen según como volteen la barriga entre el agua, ya
la había visto. _UUUMMM esa que se tiró al piso del bote es Milvalle. Además
ese grupo de amigas es inseparables, pensó al reconocer en la distancia a Mine,
juanita, Grile, leidi, Mari y Nil, además también distinguió a los varones,
pero no se preocupó porque eran gente sana los que completaban aquel alegre paseo mañanero por el mar. Se
hizo el loco y siguió reparando la red con una
sonrisa con la mitad de la boca que le dejaba libre el tabaco y medio
visco por el reflejo del sol de punta de
nueve.
Levantaron proa por un
costado de Isla de Plata y al pasar vieron las colinas terraceadas de la planta de cemento Vencemos que en su afán
productivo levantaba una columna de humo que marronceaba en la distancia el caserío
rural del Chaparro…
El mar parecía un
plato, serenito, y las Garzas, Pelícano y Alcatraces acuatizaban de zambullidas
y levantaban con sus presas en el pico. En ese momento alguien comentó que el
hábitat de cada ave es tan amplio como la distancia que cruzan en un instante y lo comparó con el
espacio limitado del hogar humano... La
sucesión de paisajes marinos en la base de las montañas decoradas con
cuadrículas de los conucos campesinos, matizaba el animado dialogo de aquel
improvisados grupo de turistas, en un bote de madera con un precario motor de
pata corta, mas propio para espacios lacustres, y dos remos de reserva por si
acaso el Cazón huele a Raya.
Cantaban y jugaban a
mojarse con la salobre estela lateral que levantaba la humilde embarcación, sus
cabelleras delataban la dirección de la brisa y obligaban coquetas sacudidas de
sus rostros.
Cocotales y manglares
de las más exótica belleza que
sombreaban las blancas arenas que invitaban al desembarque._ Para dónde Vamos?
_Para cualquier playa
que no sea Conoma, porque allí llega mucha gente, se oyó sobre el sonido del
viejo motor. Y así fueron descartando según por lo nutrida que estuviera a
Punta La Cruz, Guaracaro, Isla del Mono, Conoma, Conomita, Valle Seco, Arapo,
Arapito, Ña Cleta , Playa Piscina, Paya Colorá Y Santa Fe, hasta que llegaron a
Playa Petare.
Donde por un acuerdo de
miradas, decidieron regresar por que el tiempo empezó a oscurecerse al medio día y el viento templó el oleaje,
lento pero corajudo, que la barquita crujió y de repente una pequeña humedad
pintó la tabla debajo de los asientos
Las isletas; explicó
alguien, tal vez para distraer la alarma silenciada. _evita que a Guanta la
azoten las tormentas, con este argumento uno de los varones sacó un cuatro y
empezó a tararear un vals de Alicia Salazar, al parecer muy popular porque
todos entonaron el coro. "Guanta es, Guanta es un pueblito pequeño que nunca olvidaré" _Mira ese bote viejo volteado, parodia de un lomo de
ballena. Interrumpió alguien, cuya canta se le hacía larga por la inquietud de su corazón, mientras el
botecito le entraba al oleaje diagonal y chaciao, para evitar el golpe que da
la piragua cuando cae en el vacío de la ola.
Y así cuando el
pedregal de los acantilados, los ponía lejos de la orilla se veían como una
pequeña mancha sobre un gran lienzo azul.
Cuando el huracán empezó a
hacerle vibrar el pabellón de las orejas, ya las gorras y sombreros eran
prisioneros entre las rodillas y los cuerpos se reducían sobre sí buscando
calentarse Ya venían frente Conoma. Pero Oh! No hay nadie! todos se fueron. Aun
así el inexperto timonel enrumba hacia la playa para buscar refugio del Vendaval, ignorando que el peligro de la
mar picada está en la orilla donde revientan las olas. Y para agravar la
situación, en medio del turbulento
oleaje, presa del nerviosismo que azuzaban sus acompañantes con sus llantos,
decide abortar la maniobra y para colmo grita, Vamos para fuera! afuera!
Afuera! Lo que indicaba que volverían
mar adentro, pero que su pánica tripulación entendió como que
saltaran del bote y así lo hicieron por
estribor, volteándose la barcaza sobreviniendo el desorden catastrófico, sobre
el agua solo quedaron dispersas la comida que traían, las ollas, los platos,
las toallas y el cuatro sobre una mancha de gasolina con migas del cazabe
desecho.
Emergieron los hermanos
muy cerca del bote del cual se sostuvieron, pálidos y en terror. Grile, Leidi,
Mine y Nil, vararon en la arena, pero faltaban las demás.
Milvalle, boyó por un
instante y se volvió a hundir, lo que les hizo pensar que el desastre se había
consumado, pero enseguida, surge de nuevo trayendo a Mari por los cabellos y la
arrima al bote y vuelve a sumergirse y entonces se hizo el silencio de la muerte solo interrumpido por el rugido del mar cuando
exhala su furia contra las piedras...Luego de un tiempo imposible, expulsa el
agua, aquella joven con ferrea voluntad de salvar a sus amigas, que porfió
contra Amalivaca o Poseidon, según tus aguas. Y traía a Juanita, desmayada y con ella nadó hasta la orilla.
Entre lágrimas y toces
de ahogamientos y vómitos de sal y arena, miraron entonces como Dani con dificultosas maniobras logró orillar el
bote. Y sus hermanos, como ostras al
arrecife, encalambrados, se negaban a
soltarlo hasta después que yacían sobre la arena.
Al sentirse a salvo,
pudieron incluso reírse de que a Juanita se le había perdido una sandalia.
Pero entonces el frío y
la sed, saber que en ese tiempo Conoma no tenía vía terrestre, empezó a
atormentarles la idea, además a alguien
se le ocurrió recordar las leyendas de los Piratas de Mar cazadores de
doncellas, robadores de motores y de los monstruos marinos que viven en las
cuevas donde se esconden las olas cuando el mar se tranquiliza.
Los puso en la angustia
de fletar al peñero con sus miedos, con el extra de la preocupación por la familia
en tierra, se arriesgaron a volver a navegar pero esta vez con los remos, que
no sabían utilizar. Tratando de adelantar retrocedían y cuanto mas achicaban el agua que los inundaba, mas se llenaba el bote y entonces llegó el momento que se comunicaban entre gritos desesperados...
Ya la noche se
anunciaba entre los últimos destellos de la ardentía cuando divisan a lo lejos
al “Por Fin” Que tazajeaba el oleaje con su quilla de Palo Sano como si saltara
sobre las crestas de espuma con esbelto vuelo de Ganaguanare, que llegaba en su auxilio...
_Yo los vi pasar y me
pareció rara la hora y el tiempo malo que se puso y no volvían...Amaren ese
cabo! Este es el principal arte de pesca...Mejor no le cuentes a Carmen Elina...
El Viernes Santo
siguiente, organizaron un paseo similar, para romper el maleficio de las
supersticiones y curar el trauma, cuando volvieron sanos y sin incidentes,
alguien comento: _ fue una ventaja que nacieran a la orilla de la mar porque si
no, fueran difuntas hace años.
Fin
Hola profe excelente cuento me encanto Dios le siga bendiciendo esa imaginación
ResponderEliminarHola profe excelente cuento me encanto Dios le siga bendiciendo esa imaginación
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